TXT: Toño Quintanar

IMAG:UFA

En el año 1927, el Séptimo Arte atestiguó  el surgimiento de uno de los eventos más revolucionarios dentro de su historia: la llegada del formato sonoro; mismo fenómeno el cual, esgrimido por la de culto El Cantante de Jazz, significaría el afianzamiento de toda una serie de nuevas posibilidades psicológicas y narrativas.

Sin embargo, mucho antes del arribo del sonido, el cine ya se había consagrado como una plataforma artística inigualable la cual era capaz de prestarle forma a las fantasías más afiebradas y conmovedoras de su audiencia.

A continuación, nos daremos a la tarea de repasar algunas de los trabajos más increíbles dentro del llamado “cine silente”.[M]

10. Frankenstein. (J. Searle Dawley, 1910).

Un par de décadas antes de que Boris Karloff nos presentara su siniestra interpretación como el icónico monstruo que adquiere vida gracias a la fuerza del rayo, la productora de Thomas Alva Edison se dio a la tara de reinterpretar la obra original de Mary Shelley a través de una serie de trucos los cuales, hasta la fecha, siguen resultando sumamente cautivadores. El nacimiento del cine de terror encuentra en esta cinta a uno de sus preceptos más poderosos y apasionantes.

9. La Concha y el Reverendo. (Germaine Dullac, 1928).

A lo largo de su fugaz existencia, las vanguardias fílmicas de principios del Siglo  XX engendraron múltiples textos de carácter transgresor y delirante. Una de las muestras más emblemáticas de dicho asunto es esta cinta dirigida por la francesa Germaine Dullac la cual nos sumerge en un auténtico mal-viaje. Las pulsiones sexuales reprimidas de un párroco se tornan en la excusa por excelencia para presentarnos una serie de imágenes sumamente enloquecidas.

8. Ballet Mecánique. (Fernand Léger, 1924).

¿Quién dijo que el cine requiere de una trama para ser algo sorprendente? A lo largo de esta cinta, el vanguardista Fernand Léger nos ofrece una serie de abstracciones cubistas y juegos geométricos los cuales atrapan de forma precisa al subconsciente del espectador. Una notable muestra de que el arte abstracto encontró en el fenómeno de la imagen en movimiento a uno de sus medios más poderosos.

7. La Marca del Fuego. (Cecil B. DeMille, 1915).

Una cinta la cual podría considerarse como la llegada definitiva del drama de carácter psicológico al Séptimo Arte. Lo silencios, el uso de primeros plano y los claroscuros se tornan en recursos decididamente inquietantes mediante los cuales se nos narra una historia de innegable tensión espiritual.

6. La Pasión de Juana de Arco. (Carl Theodor Dreyer, 1928).

El realismo poético fue una vanguardia la cual, mezclando sobriedad con esteticismo formal, se dio a la tarea de redefinir las posibilidades artísticas de la imagen en movimiento. Esta obra es una de las muestras más interesantes de dicho asunto. Valiéndose de una pulcritud visual que raya en lo maniaco, Dreyer nos recuerda que el cine es, ante todo, un canto a la belleza.

5. El Inquilino. (Alfred Hitchcock, 1927).

Antes de que Hitchcock llevara a nuevos límites las posibilidades dramáticas del Séptimo Arte a través de increíbles obras como Psicosis (1960); el director inglés tuvo una fructífera carrera en el cine silente. Esta magistral cinta –basada en los asesinatos perpetrados por Jack el Destripador- es uno de los ejemplos más impresionantes de dicho asunto.

4. La Carreta Fantasma. (Víctor Sjöström, 1921).

Los experimentos visuales realizados por George Méliés dieron paso a todo un caudal de posibilidades las cuales anunciaron, ni más ni menos, que la llegada del género fantástico dentro del Séptimo Arte. El Sueco Iván Sjöström retoma estos trucos (especialmente el de la sobre-impresión) para mostrarnos una historia decididamente siniestra en la que el mito de la Parca se ve materializado de forma sumamente veraz.

3. El Hombre de la Cámara. (Dziga Vértov, 1929).

Una cinta la cual, junto con El Acorazado Potemkin, resume de forma absoluta los conceptos artísticos y plásticos del cine soviético. Lo curioso de esta obra es la ausencia de un protagonista, ya que la ciudad de Moscú, con su crisol de habitantes y variadas atmósferas, se torna el verdadero personaje principal. Un trabajo donde los experimentos del llamado “cine ojo” alcanzan una sofisticación muy notable.

2. El Fantasma de la Ópera. (Rupert Julian, 1925).

Pocas cintas dentro de la historia del cine silente guardan un aura la cual transita de forma tan vacilante entre lo siniestro y lo decididamente conmovedor. La identificación que el espectador logra sostener con el monstruo protagonista de este drama de suspenso es una de las muestras más prominentes de que el cine no requiere de sonidos para hilar momentos de inigualable emotividad.

1. Metrópolis. (Fritz Lang, 1927).

No cabe duda de que la época del cine silente fue una era repleta de obras maestras del celuloide las cuales, hasta la fecha, continúan alzándose como referentes innegables de la genialidad del arte en movimiento. Sin embargo, esta cinta guarda una serie de grandilocuencias y perspectivas la cuales la transforman en algo único en su especie. Valiéndose de una estética desbordante, Fritz Lang lleva a extremos inenarrables las posibilidades del expresionismo.

 

 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here