Por Arturo J. Flores

Según he ido viviendo me parece darme cuenta

que soy socio por la fuerza de muchas clases de cerdos.

La Polla Records.

 

 

Hace tiempo me llegó un correo electrónico de parte de un Festival “equis”. Me proponía que la revista para que la que trabajo se volviera su media partner, un eufemismo para denominar un supuesto acuerdo comercial en el que, por lo general, el medio tiene mucho que perder y nada que ganar.

En resumidas cuentas se trataba de que:

  1. Me comprometiera a publicar notas previas del mentado Festival, tanto en la versión impresa como en la online. Eso incluía entrevistas a los promotores y a la mitad de su elenco, gran parte del cual no genera tráfico.
  2. Que les diera menciones en redes sociales con los hashtags que ellos decidieran ¿#ytunieve?
  3. Que publicara reseñas a posteriori de lo sucedido el día del Festival, también en impreso y en electrónico.

 

A cambio me haría merecedor de DOS acreditaciones para cubrir las hostilidades musicales el día que tuvieran lugar, además de DIEZ boletotes dobles para obsequiar a mis lectores. Es decir, por regalarles a los muy vivarachos promotores nada menos que un clipping (publicaciones) equivalente a varios cientos de miles pesos, yo me ganaría la oportunidad de cubrir su festival y hacer aún más promoción gratuita entre mis consumidores. Ah, porque obviamente para regalar los boletos yo tendría que hacer una nota extra que no estaba considerada en el “acuerdo”.

Sobra decir que de aceptar las leoninas condiciones, además tendría que firmar una especie de “contrato” en la que partes nos obligáramos a cumplir con lo establecido.

Me iba a reír, pero tenía mucho que hacer, así que sólo les respondí que no estaba interesado. Sin embargo, dos minutos después el jefe de prensa del Festival “equis” me llamó por teléfono para preguntarme si había otra forma en la que pudiéramos trabajar.

Le dije que sí.

  1. Que con mucho gusto podía publicar una nota en mi página web acerca del Festival. Algo general y que si yo así lo requería, podría solicitar una entrevista con el grupo que a mí me pareciera interesante.
  2. Que si quería que hiciéramos lo que él proponía, eso se llamaba Pauta Publicitaria, que con mucho gusto se la podría cotizar y una vez que firmáramos el contrato (ahí sí) y se realizaran los consabidos depósitos, entonces podríamos proceder como él quería. Inclusive podríamos sostener un intercambio comercial, en que las cantidades de lo entregado y lo recibido fueran EQUIVALENTES.

Me dijo que se lo iba a proponer a su cliente y colgamos.

Desde entonces, como esperaba (y agradezco) no he vuelto a saber de él.

Aunque sí publiqué esa pequeña nota anunciando el Festival, porque considero que mi público tiene el derecho a enterarse de toda la cartelera cultural y de entretenimiento que tiene lugar en esta ciudad y en otros estados. Por eso además de aquella nota, también subimos a diario otras tantas de exposiciones, obras de teatro, conciertos y encuentros deportivos.

Las acreditaciones, cuando se nos otorgan, son bien recibidas, pero no el leitmotiv de nuestro día a día. Para ser honesto yo cada día cubro menos cosas. El trabajo de edición consume casi todo mi tiempo.

Soy tan old school que no entiendo como existen colegas que se bajan los pantalones por un par de boletos, que con tal de ostentar una pulserita en la mano derecha que les permita realizar su trabajo, prostituyen sus espacios publicitarios realizándose un harakiri comercial que tarde o temprano los lleva a la ruina, y peor que todo lo anterior, se colocan una mordaza que les impide expresar libremente sus opiniones con tal de “nos vuelven a invitar”.

Sé de algunos que se quieren abrir las venas cuando no aparecen en La Lista de Acreditados, como si no figuraran en la Schindler.

El único compromiso que deberíamos tener es con la verdad y con nuestros lectores. Como tú.

Y los únicos acuerdos que deberíamos firmar deberían ser comerciales y sus resultados bien identificados como publirreportajes. De ahí en fuera, cuando un promotor accede a acreditarte, reconoce intrínsecamente que escribirás lo que a ti te parezca. Como igualmente cuando accedes a publicar una nota previa, es en las condiciones que a tu medio convengan.

Hace como diez años por azares del destino visité en su oficina a un amigo que entonces trabajaba en una promotora. Tenía en su escritorio una pecera llena de gafetes (antes de las pulseritas estuvieron de moda los identificables) de prensa de conciertos ya pasados.

 

-¿Quieres llevarte algunos, de recuerdo? –me dijo –Son los que han sobrado.

Y tomé dos o tres de aquellos a los que por alguna razón no pude asistir.

 

Aún los conservo.

Son pedazos de papel enmicado sin valor alguno por lo que alguna vez alguien quiso bajarse los pantalones o abrirse las venas.

Atesoro mucho mejor las crónicas de conciertos que hice para los periódicos, revistas y portales para los que he trabajado.

Esos sí son trofeos de guerra.

Y de ninguno fui media partner. [m]