TXT: Toño Quintanar

¿Qué fuerzas obscuras se escoden detrás de ese rugido de metralla al que, desde niños, aprendemos a llamar “música de rock”? ¿Qué misterios estremecedores deben de coincidir durante la composición de un riff de guitarra que sea capaz de remitirnos a nuestros instintos más transgresores?

Cualquier persona que alguna vez haya sido conmovida por las posibilidades ilimitadas que la estridencia sonora es capaz de gestar no podrá negar que existe una suerte de nigromancia en dicho asunto: alguna clase de sortilegio el cual nubla nuestro raciocinio y nos pone en contacto con esos entes obscuros quienes yacen dormidos en nuestro interior.

Por supuesto, gran parte de esta iconografía se le debe al cine y a ese glorioso matiz con el que logra fijar algunas de las atmósferas más brutalmente emotivas el rock n roll para legarlas a una posteridad la cual demanda el surgimiento de nuevos arquetipos que le presten corporeidad a nuestras emociones frustradas.

Recientemente, el director Ash Avildsen se encargó de enarbolar un increíble nuevo eslabón dentro de esta cadena a través de American Satan (2017), cinta que, valiéndose de un guión surrealista que retoma los rasgos más estrambóticos del sueño rocanrolero, nos acerca a una experiencia que raya en lo místico.

Esta producción sigue las andanzas de The Relentless, una joven banda de heavy metal la cual se muda a Los Ángeles en busca de fama y reconocimiento. Por supuesto, el mundo de la música pronto muestra su rostro más amargo y, a pesar de su consustancial talento, nuestros protagonistas se descubren a sí mismos sobreviviendo en un ambiente lleno de traiciones y desencanto.

Es en este punto en el que el relato de Avildsen adquiere una veracidad sumamente estrujante, ya que plasma de manera sumamente veraz la frustración que es consustancial a los circuitos de bandas independientes que persiguen el esquivo sueño del éxito. Panorama donde pululan los promotores de eventos desalmados así como las “vacas sagradas” que inundan con su indiferencia a la escena.

Las cosas dan un giro intempestivo cuando nuestros amigos comienzan a ser asediados por un extraño hombrecillo quien pronto se revelará como el único ser capaz de entregarles en charola de plata el reconocimiento que tanto merecen. Sin embargo, la fama nunca llega gratis y estos roqueros pronto se darán cuenta de que el precio podría exceder a sus propias existencias terrenales.

Retomando el mito clásico de Fausto, Avildsen nos ofrece un homenaje sumamente intenso a esas fuerzas e íconos demoniacos que, durante décadas, han servido como gasolina conceptual del rock y sus subgéneros. Mismo proyecto que se ve acompañado por una serie de circunstancias contraculturales que van, desde los excesos cliché estilo glam, hasta aquellos procesos socioculturales que se encuentran relacionados con la influencia revolucionaria de la música. Definitivamente, una cinta que ningún apóstol del diablo debe de perderse.

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