TXT: Toño Quintanar

¿Qué es lo que diferencía a un cyborg de un robot? Muy probablemente, la conciencia que éste primero tiene de sí mismo.

Los androides son la fantasía más recurrende de la llamada Inteligencia Artificial: mecanismos sínteticos lo cuales, a pesar de su naturaleza autómata, guardan una serie de complejos rasgos perceptivos los cuales fácilmente podrían equipararse con los rasgos metafísicos que definen al ser humano.

El séptimo Arte se encuentra lleno de grandes personajes dentro de este rubro; algunos amigables, otros verdaderamente pesadillescos.  A continuación, nos daremos a la tarea de confrontar ambas falanges con el fin de explorar la amplísima cantidad de rostros que los androides son capace de presentar.

Circuitos malos.

-Los cyborgs de la saga de Alien.

A pesar de que no todos los androides que aparecen en la saga inaugurada por Ridley Scott son malévolos, no cabe duda de que los más memorables son aquello quienes, ostentando una maquiavélica independencia moral, optan por definir a la existencia humana como algo meramente “desechable”. El Encargado de inaugurar esta escuela fue el fenomenal Ian Holm con su inolvidable interpretación como Ash. Más adelante, Michael Fassbender sería el encargado de inyectarle nueva vida a este maligno arquetipo.

-Los androides de Terminator.

La pesadilla más recurrente de Stehpen Hawking se ve materializada a lo largo de este saga en la que la llamada “inteligencia artificial” finalmente alcanza suficiente albedrío como para decidir que merece ser la especie dominante en el planeta. Asuntos verdaderamente escalofriantes como el esqueleto de ácero de Arnold Schwarzenegger en la primera entrega, o las capacidades invencibles del T-1000 en su secuela, nos dejan en claro que, si algún día las máquinas deciden rebelarse contra nosotros, definitivamente estaríamos perdidos.

-Los cyborgs de Animatrix.

Uno de los capítulos más impresionantes de esta antología animada son aquellos apartados –El Segundo Renacimiento: volúmene I y II- en los que se explica el surgimiento del conflicto entre humanos y máquinas. Partiendo desde una primicia absolutamente legítima y primaria como es el deseo de la auto-preservación, esta arcaica raza de androides pronto evoluciona hasta transformarse en una implacable fuerza la cual llega a la conclusión de que, para proteger su existencia, antes es necesario someter a la humanidad.

Circuitos buenos.

David en I.A.

-No cabe duda de que el rasgo más conmovedor de los androides de “buenos circuitos” es su necesidad por ser considerados como auténticos individuos. Por supuesto, dicha ecuasión adquiere matices tremendamente enternecedores si se trata del niño quien nos robó el corazón con su don para ver gente muerta. Definitivamente, ver a David atravesar una complejísima epopeya con tal de transformarse en un niño real es algo capaz de conmover hasta al más hosco.

Roy de Blade Runner.

A pesar de que, a lo largo de esta cinta, los llamados “replicantes” se nos muestran como entes verdaderamente temibles quienes son capaces de hacer cualquier cosa con tal de preservar sus vidas, no cabe duda de que el comportamiento final de este androide es un auténtico ejemplo de bondad desinteresada. Perdonando la vida de su perseguidor, este personaje logra hacer florecer en él una superioridad moral que deja en claro que los androides pueden ser mejores “personas” que los propios seres humanos.

-Motoko Kusanagi de Ghost in the Shell.

La exitencia de carácter cibernético puede definirse como el comienzo de una nueva era en la que la conciencia del ser humano dejará de someterse a las flaquezas de lo material para volver borrosos los límites entre lo orgánico y lo mecánico. Una clara muestra de dichas inqueitudes recae en esta heroína del futuro quien lleva a extremos verdaderamente inenarrables los límites metafísicos del género cyberpunk.

 

 

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