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El secreto de sus ojos pasado por el filtro de Hollywood.

Cuando se lanza un remake hollywoodense de una película latinoamericana de autor es inevitable preguntarse qué falla cognitiva tendrán los gringos que necesitan que alguien se gaste 20 millones en hacerles una versión en su idioma de algo que fue perfectamente bien hecho en otro idioma con menos de medio millón. Después de ver lo que hicieron con Abre los ojos / Vanilla Sky lo que se vuelve inevitable es preguntarse qué falla cognitiva tendría uno mismo para someterse a ver una versión calcada, pero pasada por cloro, de una película que era impecable en la versión original.

Ahora que se lanza el remake de El secreto de sus ojos y resulta que está producida por Juan José Campanella, el guionista y director de la original, no queda más que preguntarse qué bicho le habrá picado a él, que tiene una carrera larga y respetable, para decidirse a hacer una versión nueva de algo que quedó tan bien hecho la primera vez.

secretos de una obsesion

Lo de los gringos se explica fácil: es más fácil conseguir distribuidores y salas que proyecten la película, y luego llevar público a esas salas, si el cartel incluye figurones como Tom Cruise (o, en este caso, Nicole Kidman y Julia Roberts), que si nadie reconoce los nombres de los protagonistas y el director.

Lo de Campanella lo ha explicado él mismo en varias entrevistas: le parece perfectamente legítimo que se haga una nueva versión que cuente la misma historia, porque al fin y al cabo la película original era a su vez una versión de la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri. “Si yo hice mi versión”, dice Campanella, “no veo por qué habría de molestarme que alguien más haga la suya”.

Teniendo esas dos respuestas, concentrémonos en la otra, ¿por qué uno se sometería al remake hollywoodense de una película que estaba perfectamente bien ejecutada en su versión original?

La versión argentina era un punto medio entre una película de autor y una película comercial. Era más densa que las películas taquilleras, pero tenía más diálogos que las películas de autor y tenía música incidental que iba llevando de la mano al espectador y le decía cuándo debía conmoverse, cuándo debía temer y cuándo debía sorprenderse. Ir a verla ofrecía al fin y al cabo una experiencia cinematográfica con suficiente textura para que al cinéfilo fundamentalista no le diera pena que lo vieran salir de la sala de una película que estaba rompiendo la taquilla y que eventualmente ganó un Oscar.

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La versión hollywoodense, por supuesto, ya no tiene esa textura: Tiene la ligereza suficiente para que se sienta mucho menos corta que la original (a pesar que de sólo dura 18 minutos menos) y evidentemente está dirigida a un público que más que regodearse en los detalles, busca entretenerse después del trabajo. Usando la misma historia, esta versión ofrece casi dos horas de puro esparcimiento.

Quien haya visto la versión argentina y le haya gustado no necesita ir a ver esta. Quien se haya quedado con las ganas de ver la original y además esté teniendo una semana difícil en el trabajo o esté abrumado con la cantidad de pendientes que suelen acumularse con el cierre del año, va a salir muy agradecido y sin pasar angustias, de que le hayan hecho esta versión para ver la historia que dio tanto de qué hablar.

Secretos de una obsesión fue dirigida por Billy Ray y es protagonizada por Nicole Kidman, quien hace gala de las mismas capacidades histriónicas que la estatua de la Diana Cazadora, por Chiwetel Ejiofor, que tuvo la cortesía de no esforzarse demasiado para no hacer quedar mal a Nicole Kidman y por Julia Roberts, sobre quien recae todo el peso de la película y que, ella sí, le da al espectador una actuación memorable a cambio de los 111 minutos de su vida que el espectador deja en la sala.

 

Alantl Molina es músico de cine y guionista. Su música ha salido en películas como Pelo Malo (ganadora del Festival de San Sebastián en 2013), y en documentales y series de televisión. Su debut como guionista de televisión, Diablo nuestro, se encuentra actualmente en producción.