Por Juan Carlos Hidalgo 

Tras el accidente cerebro-vascular que sufrió Gustavo Cerati en Venezuela comenzaron varios procesos simultáneos. Por una parte, una valoración más puntual de su legado musical –tanto solista como con Soda Stereo-. Más allá de quienes esperaban su recuperación, se comenzaron a zanjar polémicas en cuanto a su verdadero lugar dentro de la historia del rock argentino.

Cuatro años transcurrieron para que su cuerpo perdiera la batalla definitiva; se trató de un impasse que ciertamente mantenía inquieta a la industria editorial de aquel país. Muy poco se conocía que tras la cobertura inmediata del percance se había convocado a un joven periodista para que llevara más adelante un reportaje y lograra una primera biografía.

Juan Morris (nacido en 1983) se dio cuenta que se trataba de un proyecto ambicioso que requería de hablar con mucha gente y superar obstáculos. El trabajo apareció post-mortem y trajo consigo una intensa molestia principalmente de parte de sus hijos. Mucho se especuló sobre los excesos del músico durante la última gira y el no respeto a declaraciones off the record de algunos implicados. Benito Cerati insistía en que el autor no era alguien cercano a la familia ni conocía el entorno, pero lo que es cierto es que tampoco se encuentran las aportaciones ni de Charly Alberti ni de Zeta Bosio en la versión final.

Era muy probable que Cerati –La biografía– levantara ámpula y que se convirtiera en un éxito continental de ventas. Con algunos meses de retraso, el libro –editado por Grijalbo- ve la luz en México y ello propició la visita del también colaborador de la Rolling Stone Argentina. Conversamos con un joven afable que también está muy interesado en la escritura de ficción y que siempre se mostró enteramente dispuesto a abordar cualquier tópico a propósito de un acercamiento que resultó incomodo –por decir lo menos-.

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En Argentina existe una larga tradición del periodismo de investigación, hay bastantes biografías de músicos, ¿cómo reaccionó la prensa ante un libro escrito por un autor tan joven?

Cuando salió el libro hubo un adelanto en el diario Clarín, en la revista que sale todos los domingos, y lo subieron también a la web; adelantaron el capítulo de lo que había sucedido en Venezuela, dado que en Argentina no sabían bien lo que había pasado, sus últimas horas, como había estado consciente.

Fue un domingo de elecciones y el capítulo este le ganó en popularidad a cualquier cosa relacionada con los resultados. La noticia de la salida del libro escaló por encima del periodismo cultural; fue como una noticia principal, estaba en la tapa de los diarios, en la radio, en los canales de televisión. Pasó algo gracioso, que para mí habla mal del periodismo musical de Buenos Aires, que fue que no hablaron del libro; todos los medios lo abordaron menos los musicales y culturales de Argentina. A mí me da lo mismo realmente, porque salir en la tapa de Clarín le da más amplificación; al mismo tiempo habla sobre cierta falta de reacción de los suplementos culturales o musicales que tenían que haberse apropiado del libro y decir, bueno, nosotros tenemos que analizar más allá de la noticia de que salió la biografía de Cerati, tenemos mucho más que decir porque se trata de un artista de rock importantísimo, y sin embargo nadie dijo nada. Así que no tengo más que agregar, sino que hubo silencio; no hubo lecturas interesantes desde el periodismo cultural.

Hubiera pensado que ya con el libro afuera, ese periodismo de vieja guardia o esas grandes figuras, hubieran cuestionado el hecho de que la biografía fuera escrita por alguien tan joven y no por uno de ellos -de los grandes-.

No dijeron nada. Mutismo total.

Se sabe que inicialmente la investigación partió de analizar lo que había ocurrido realmente en Venezuela…

Existe una nota que salió en Rolling Stone, que era como una crónica de lo que había pasado en Venezuela, de esos últimos días de consciencia de Gustavo, pero también la reconstrucción de la gira de Fuerza Natural y del momento creativo del disco; para mí era como un momento muy inspirado de su carrera, era, además, un disco entre acústico y psicodélico. Tenía como una temática casi existencial, no guardaba la idea del tiempo, madurez plena; hablaba de cosas nuevas. Por momentos canta, en otros no; había música de los setenta. Era, y es, un disco muy interesante en términos creativos; entonces esa nota que contenía todo eso me fue haciendo entrar dentro de la estela de Gustavo, de hablar con la madre, conversar con Adrián Taverna, Richard Coleman, con otros músicos y eso me llevó hacia otras zonas de la vida. De repente me vi parado frente a la gran historia del rock latino y no estaba contada; me pareció un gran desafío y me atrajo.

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La decisión de convertirla propiamente en una biografía fue tuya o partió de una empresa.

De Sudamericana; Penguin Random House en Argentina. Justo estaba hablando con ellos y me firmaron un contrato casi instantáneamente. Pasa que esto fue en Diciembre de 2010 y ellos querían el libro para octubre 2011. Deseaban un libro casi instantáneo; yo les dije que sí, pero se los entregué hasta junio de 2015, porque me parecía que había que hacerlo bien. Era imposible hacerlo en menos tiempo. Era una historia que merecía ser bien contada y tampoco sabía que tanto me iba a llevar. Me encontré con miles de personajes e historias inesperadas. De verdad, querer hacerlo bien lleva horas frente a la computadora buscándole la vuelta.

¿Durante esos años estuviste enfocado exclusivamente en eso? ¿Era en lo único que trabajabas?

No, trabajaba mi vida normal; en Rolling Stone y daba clases de escritura creativa. Me despertaba todos los días entre 6 y 7 A.M.; escribía tres horas antes de irme a trabajar. Porque cuando vuelvo tengo muchas cosas en la cabeza y regreso muy quemado, pero los fines de semana me encerraba. Me tomaba las vacaciones para escribir y hacer entrevistas, que eran con amigos de Cerati que había visto como 50 veces -fueron algunas charlas de doce horas seguidas-.

Fue un trabajo que no era solamente sentarse a escribir, sino que eran sesiones casi de hipnosis y psicoanálisis, en las que había gente que me tenía que contar cosas muy conmovedoras. Fui a buscar a la madre y me contactó con los compañeros de colegio de Gustavo; estuve con el amigo que se sentaba atrás en la primaria y me contactó con el otro amigo que se sentaba adelante. Contacté como el primer trío que formó Cerati, eran amiguitos que se la pasaban haciendo diabluras por Villa Ortúzar, obsesionados con los OVNIS; Gustavo era fan del Triángulo de las Bermudas. Todo empezó a cobrar otro sentido porque él a lo largo de su vida se obsesionó con la astrología, con la Cábala, con los Mayas; todo lo que implicaba cierta trascendencia a él lo atraía –como el Tarot-, descubría ciertas semillas de la historia en esas zonas de la vida.

Después de tu investigación, ¿cuáles son las principales diferencias que encuentras entre Gustavo -el hombre- y la figura que crearon los medios y los fans?

La figura pública tiene un aura de divinidad más impoluta, más como plana; era algo que él transmitía casi de perfección. Era alguien bello, con una imagen muy cuidada, que cantaba muy bien, que tocaba excelentemente la guitarra, que era un gran compositor; una estrella en todas sus dimensiones. Tenía un aura como de divinidad. Mi trabajo fue encontrar de que estaba hecho eso: ¿Cuál era la visión del mundo que lo llevaba a construir esa imagen de sí mismo? Para mí, la pregunta fundamental del libro es: ¿Cómo era para Gustavo Cerati estar vivo? Para todos es una experiencia diferente; en su caso pasaba por lo que lo tenía angustiado, qué lo frustraba, qué lo movía, de dónde partía el deseo en su vida.

Porque todos somos nuestras virtudes, nuestro costado luminoso, pero también somos nuestras envidias, nuestros defectos, nuestros miedos. Esas cosas también nos ponen en movimiento o nos paralizan, nos afectan de alguna manera y se transmiten en todo lo que hacemos, nuestra escritura, nuestras relaciones personales.

¿Qué aspecto fue el más importante que te revelaron las charlas con la mamá de Gustavo?

Muchas cosas; fue muy interesante, de verdad que estoy agradecido con Lilian. Por un lado, fue reconstruir, comprender, cuál era el entorno cultural y afectivo en el que creció Gustavo. Cuáles eran los valores en esa familia, cómo había sido esa educación, qué cosas lo habían estimulado. Lilian era una mujer muy moderna para la época, hacía yoga en los años sesenta, les daba remedios homeopáticos; estaba muy preocupada porque los chicos no recibían en el colegio materias que estimularan su creatividad, salvo una clase de dibujo bastante mala. A ella le preocupaba porque sentía que estimular el factor creativo de sus hijos les iba a dar herramientas emocionales para enfrentar la vida, los iba a preparar más, no sólo para ser artistas, sino que les iba a ayudar a ser mejores personas, para vivir mejor, para llegar más lejos.

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Gustavo dibujaba de chiquito y los padres le compraban cómics y él los copiaba –Tarzan y Superman-; al poco tiempo comenzó a crear sus propios superhéroes y tomar poderes de uno y mezclarlos con los poderes de otro. Un poco como empezó a hacer canciones; tomando influencias de The Police, de otras bandas de esa época que le gustaban mucho, y que en los primeros discos de Soda Stereo estaban presentes.

¿Después de su muerte que crees que fue lo que cambió en los argentinos a propósito de aquilatar a Cerati y si crees que con el paso del tiempo se irá valorando con mayor justicia su legado?

Diría que es muy valorado; Soda Stereo es muy grande. Hizo a una generación entera muy atravesada con sus canciones. Cuando cayó en coma, su ausencia de pronto evidenció el lugar que quedaba vacío sin él; a veces uno cobra la importancia de algo cuando no lo tiene más. Te separas de una novia que pensabas que era una novia más y de repente decís: -¿Qué pasó? ¡Es el amor de mi vida!- Con Gustavo ocurrió un poco eso.

También cuando la gente muere o queda en coma se anula la parte relativa a envidias, a las peleas más coyunturales, entonces uno puede ver con más perspectiva; eso pasó estos años eso con la obra de Gustavo; durante esos 4 años se dio un velorio casi permanente. Todo el tiempo había fans afuera del hospital, se hizo un mural enfrente; en las redes permanentemente había gente interesada, en los medios estaban minuto a minuto pendientes.

Su coma evidenció un poco más su influencia como artista. En los noventa se impulsó más al rock barrial en Argentina; había mucha gente que había quedado fuera del sistema y cuando salieron Bocanada y Siempre es Hoy les parecían unos discos muy sofisticados, pretenciosos. El rock argentino pasaba más por Los Redonditos de Ricota, un discurso más corrosivo y de protesta y un sonido más crudo; aunque fue un movimiento musical extremadamente conservador.

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Gustavo era todo lo contrario; casi experimental y en Argentina esa veta fue valorada en su justa medida muchos años después, pero al mismo tiempo habla del compromiso con sus convicciones.

Siempre es Hoy fue una profundización de su trabajo; un disco extenso, raro, caótico; así que en ese sentido interpeló mucho a los prejuicios de la Argentina. En Latinoamérica la mirada es más clara la importancia que tuvo Soda Stereo, y Gustavo Cerati. Argentina es más dialéctica y hay un consumo de rock enorme -no hay otros géneros que tengan un mercado tan grande-, entonces hay como miradas mucho más cruzadas. Existe una tradición mucho más antigua… desde Los Gatos, Manal, Spinetta, Charly García, Pappo; entonces hay una mirada más cargada de prejuicio; el público de rock en Argentina es mucho más prejuicioso, más conservador. [m]