Las drogas nos ganaron la batalla desde hace ya muchos años, dijo enérgico el expresidente de Colombia, César Gaviria, en un debate sobre la prohibición que se realizó en el marco de la Ciudad de las Ideas en Puebla.

El debate, aunque un tanto disparejo, tuvo a una gran coincidencia: no hay que prohibir el consumo de drogas, hay que regularlo. Al final de cuentas las drogas inundan las calles de las principales ciudades del mundo, y se comercializan de forma ilegal como en México, o legal como en Colorado.

Las drogas no son un tema que pueda ser blanco o negro, en su regularización, consumo, venta, producción, despenalización y tratamiento a adicciones, hay escala de grises. El tema debe ser aterrizado en diversos ámbitos como el de la salud pública, la niñez, los adictos, el comercio, y sin duda, el crimen organizado.

Ruth Dreifuss, expresidenta de Suiza, contaba en español perfecto la experiencia suiza en torno a las drogas. No estaba pacheca, todo parecía un cuento de hadas: a los adictos se les ayuda con rehabilitación, no hay violencia ocasionada por cárteles, el Estado cobra impuestos por la marihuana, y en palabras de la propia exmandataria, a los ciudadanos les gusta el efecto recreativo.

Si todo puede ser tan maravilloso, ¿qué nos detiene en México? Nosotros estamos a años luz de los suizos. Las desigualdades sociales, la corrupción, los niveles de educación, y sin duda la clase política, hacen que el problema sea mucho más complejo. Lo que nos lleva a otra conclusión: el tema de la prohibición o liberalización de las drogas no debe ser aterrizado en un contexto global. Lo que funciona en Portugal no se parece a lo que pasa en Washington y mucho menos a lo que ocurre en Ciudad Juárez.

La niñez es tema vendedor en todos los ámbitos, no es de a gratis la frase: uno como quiera, pero los niños. El estadounidense Kevin Sabet, asesor en tres administraciones gubernamentales, advirtió sobre el peligro de que las drogas se comercialicen cual dulces en las calles. En Denver, Colorado, la marihuana se vende no sólo en pastelillos y shishas, se encuentra en ositos de goma o paletas con relleno cósmico, lo que los expone desde pequeños a los efectos que pueda ocasionar en su cerebro.

Por obvias razones la salud pública tiene un lugar privilegiado en la discusión y no podemos dejar de observar las implicaciones que drogas suaves y fuertes tienen en el comportamiento humano. Aunque uno de los argumentos sea: “yo hago con mi cuerpo lo que quiera”, no debemos pasar por alto que todos somos seres sociales que encajamos en un conjunto, además del gasto en prevención y salud que se paga con nuestros impuestos

Uno de los momentos cumbre del debate, donde también estuvo presente el expresidente Vicente Fox, el empresario Ricardo Salinas y Antonio Mazzitelli, representante de la ONU, fue la analogía con los condones que hizo Viridiana Ríos del Centro Woodrow Wilson:

Palabras más, palabras menos, se refirió a la forma en la que los condones se vendían hace años en las farmacias. Los anticonceptivos estaban en la parte trasera, no a la vista del público, mientras que las cajetillas de cigarros se localizaban en la parte frontal del mostrador. Ahora, es al revés pues sabemos los efectos que tiene la nicotina en la salud y hemos regulado su consumo (por ejemplo en la forma en la que se anuncian o los espacios libres de humo).

Al igual que los cigarros y los condones, la discusión debe girar en torno a la forma en la que se comercializarán las drogas con fines recreativos. Así que cuando el gobierno federal se dispone a “abrir el debate” sobre la despenalización de las drogas, hay que decirle que ese tema ya está rebasado.

Si no están viajando a Colorado o Amsterdam, espantados por la comercialización de la marihuana o en pleno viaje cósmico, los espero en Twitter:

@RodolfoZapata [m]