El manifiesto melómano  // POR ARTURO J. FLORES

 
1. Mamar la música es vivir al filo de la sordera. A diferencia de los músicos –que se protegen con tapones– los consumidores de música no conocemos límite en volumen. Siempre podemos subirle un poco más. Nuestros tímpanos lloran lágrimas de sangre.

2. Somos carne para los vampiros discográficos. Cada vez que una nueva versión se lance a la venta –en cassette, vinilo, digital, caja conmemorativa, Deluxe, litografía, camiseta –les ofreceremos nuestra yugular para que nos hinquen el colmillo.

 
3. Por una extraña razón, corres más kilómetros con música en los audífonos, un sándwich sabe mejor si lo preparas con música de fondo y el orgasmo de una sesión de sexo con soundtrack de fondo no tiene comparación. Así te hayas acostado como diría Lovecraft, una criatura inenarrable. O la criatura del averno seas tú.

4. El concierto no se mira en la pantalla del teléfono. La pasión por un festival es directamente proporcional a la cantidad de fotografías y videos que NO tienes en guardados en el celular.

 
5. No existe forma más bella de arrullo que irte a dormir con el zumbido que permanece en los oídos después de haber escuchado música en vivo.

6. Volar sin audífonos o menos del 10% de batería en el reproductor puede convertirte en una bomba de tiempo. Hay quienes podrían secuestrar un vuelo para aterrizar de emergencia en una iShop.

7. No tememos a la muerte, pero sí al silencio que la acompaña.

8. La peor de las depresiones vale la pena sólo por escuchar una canción que la potencialice.

9. La música nueva no es la que se acaba de publicar, sino la que desconoces. Existe música nueva en Soundcloud pero también en la década de los 70.

10. No vale la pena discutir sobre música. Todos tenemos la razón.

11. Cualquiera sabe bailar. Sólo que algunos lo hacemos sin mover un músculo. Pero eso no significa que el corazón no se sacuda cuando la música se lo ordena.

12. Quien mama música podría asesinar con una canción. Dedicándola.

13. El que mama música posee la paciencia de un francotirador. Los que crecimos en los 80 aguardamos agazapados en la jungla hasta que apareciera la canción que buscábamos. Con el dedo en el gatillo aguardábamos a que terminara de presentarla el ocultos para disparar. Sólo existía una oportunidad de matarla: REC. Los que cuentan con armas mucho más precisas, como Shazam, a veces se tragan su orgullo y se ven obligados a caer en la humillación de preguntar al DJ, “¿Cómo se llama la que pusiste?”.

14. Hemos caído en la tentación de un karaoke. Sea a capella en la regadera o en un bar de tributos. Incluso hay quienes se han respetado tan poco como para bajar una app.

15. Todos quienes mamamos música desde la cuna llevamos tatuajes. Dibujos grotescos, maravillosos o estrambóticos que nos recuerdan situaciones, personas, amaneceres y tormentas. Catástrofes sentimentales. Cada uno está asociado a una música. Algunos por debajo de la piel. Otros se rayan por encima con tinta.

16. Quien mama música es aquel que no puede dejar de golpear una mesa con un par de lápices. Quien cita fragmentos de canciones en medio de una conversación. Quien prefiere comprar boletos de papel en vez de códigos electrónicos, para poder coleccionar las cabezas de alce en su pared.

17. Quien mama música no teme a ir solo a un concierto o un festival. Por el contrario, saborea el privilegio de egoísta de decidir su propio itinerario.

18. Hasta la más tibia de las cervezas sabe helada con la canción perfecta.

19. Mamar música es robar espacio a nuestro cerebro. Desplazar nimiedades como el NIP de la tarjeta o el coseno de teta, a cambio de memorizar alineaciones de grupos, discografías y nombres de productores. Incluso, mamar música es darle importancia a cosas absurdas: como si alguien merece o no ir a un concierto.

20. Reconocerán nuestra tumba porque será la única en que se escuche algo sonar adentro. Podrá ser un riff, una tonada, un susurro o un beat. La música de los huesos que se descomponen.

21. Se mama antes de nacer. Se mama música durante la vida. Nunca se cesa de hacerlo.

 
 

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