El enemigo estúpido de Kendrick // POR ARTURO J. FLORES

 
El 26 de febrero de 2012, el joven Trayvon Benjamin Martin, de 17 años, se encontraba jugando videojuegos con el hijo de Brandy Green, la prometida de su padre, en la comunidad de Twin Lakes en Sanford, Florida. Un barrio aquejado por la inseguridad.
Le dio sed y Trayvon decidió ir a la tienda. Se echó encima la capucha de su sudadera, como solía andar aunque afuera hiciera mucho calor. Cuando veía de vuelta, con su bebida y una bolsa de golosinas, notó que un vehículo lo seguía. Desconcertado, se acercó al conductor y le reclamó: “¿Cuál es tu problema?”. El conductor era George Zimmerman, un hombre blanco de ascendencia hispánica de 28 años. “Ninguno”, le respondió.
Cuando Trayvon comenzó a caminar más a prisa entre las casas, Zimmerman, que se desempeñaba como vigilante vecinal, descendió del automóvil para seguirlo. Según le contó a la autoridades, ambos se hicieron de palabras hasta que Trayvon se le fue encima para golpearlo. Zimmerman iba armado. Le disparó –en legítima defensa, según argumentó– una vez en el pecho. Antes de morir, el adolescente alcanzó a susurrar: “Me diste”.
Para el momento de su asesinato, Trayvon cumplía una suspensión escolar por portar una pipa y una bolsa vacía, pero con restos de mariguana. Sin embargo, no contaba con antecedentes penales. Zimmerman, antes había tenido encuentros con la ley. En 2005 empujó a un agente encubierto en un operativo de control de consumo de alcohol y más tarde, en ese mismo año, su entonces novia pidió que se extendiera una orden de restricción por violencia doméstica.
Zimmerman fue llevado a juicio, pero el jurado decidió absolverlo al no encontrar elementos que demostraran que no actuó en legítima defensa. Durante el proceso, se hizo hasta lo imposible porque la opinión pública se enterara de la bolsita de mariguana de Trayvon.
Nadie hizo lo mismo por sacar al sol los trapitos del asesino, que se autoproclamó héroe y tuvo el descaro de pretender subastar su arma en Internet por considerarla “un icono de la cultura americana”.
La muerte de Trayvon desató la formación del movimiento #BlackLivesMatter.
Un comunicador de televisión, el neoyorkino Geraldo Riviera, fue quien realizó el comentario más absurdo acerca del caso: “Me pongo en el lugar de las seis damas del jurado en aquella noche lluviosa, en un complejo habitacional que ha sido robado por tres o cuatro grupos de jóvenes. Un extraño de 1.70 metros que lleva una sudadera con capucha está ahí. ¿Cómo habrían reaccionado las damas del jurado? Si estuvieran armadas, habrían matado a Trayvon Martin mucho antes que George Zimmerman. Fue autodefensa”.
Riviera es el mismo que criticó a Kendrick Lamar cuando se subió al techo de una patrulla durante su actuación en los BET Awards para lanzar el verso “And we hate Popo, wanna kill us dead in the street for sure”. En el slang callejero, se le dice “Popo” a los patrulleros que traen en sus chalecos las iniciales “P” y “A”.
Durante su emisión en Fox News, el periodista –que paradójicamente sufrió de marginación en su juventud e incluso escribió el libro “His Panic: why americans fear hispanics in the US”– comentó que el hip hop le había hecho mucho más daño a los jóvenes afroamericanos que el racismo mismo, sobre todo poniéndolos en contra de las fuerzas policiales, que están para cuidarlos.
Basta revisar la biografía de Rivera para enterarse que le gusta estar en el ojo del huracán. Estudió Administración de Empresas en la Universidad de Arizona, pero trabajó como investigador en la Policía de Nueva York antes de ingresar a la escuela de leyes. Organizó un concierto junto a John Lennon en los 70. Fue él quien descubrió que Elvis Presley murió a causa de una sobredosis de fármacos y no de un infarto, como se pensó en un inicio. Realizó una malograda investigación televisiva sobre la fortuna de Al Capone, conjunto un debate entre neonazis y activistas religiosos judíos, negros y antirracistas y ha denunciado –sin ofrecer pruebas– la existencia de rituales satánicos en los que se abusa sexualmente de menores de edad.
Como enviado de guerra en Afganistán, fue ridiculizado cuando se descubrió que lloriqueaba en medio del fuego, aunque en realidad se encontraba a más de 400 kilómetros de distancia de los disparos.
A ese periodista es a quien Kendrick Lamar sampleó en DAMN.
A quien le dedicó el outro de “BLOOD”.
E incluyó su célebre “el hip hop ha hecho más daño a los jóvenes afroamericanos que el racismo” en “DNA”.
Y de plano mencionó en dos versos de “YAH”.
“Fox News wanna use my name for percentage”
“Somebody tells Gerardo this nigga got some ambition”.
En la nación de extrema derecha que Donald Trump se esfuerza por imponer, resulta refrescante que un artista como Kendrick asuma su papel de poeta y cronista social dentro del universo hip hop.
Por eso todos deberíamos ir a verlo a Monterrey el 26 de agosto.
Y leer un poco acerca de quienes Kendrick menciona en sus canciones.
 

 
 
 
 
 
 

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