Por Arturo J. Flores

 

Ante el show que White Lies ofrecerá esta noche en El Plaza Condesa. El guitarrista y cantante Harry McVeigh se sentó a platicar con nosotros.

Son ya varias las visitas que han hecho a México, ¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de alguna de ellas?

Existe un cliché acerca de que ustedes son el público más apasionado ante el cual se puede presentar una banda. ¡Pero es la verdad! Uno de los mejores recuerdos que atesoro es bastante  reciente. Fue la grabación del video “Take it out on me” en Tijuana con David Pablos. Impresionante. Me encantó conocer la vida nocturna y la probar la comida.

¿Viste la película de David?

Sí, claro… “Las elegidas” (lo dice en español).

¿Puedes creer que la misma persona dirigió un largometraje tan sórdido pero también un video tuyo?

En realidad existen bastantes similitudes entre ambos. Porque David  nos planteó una historia muy similar, aunque se trate de enfoques distintos. Ambas tienen una relación con cierta oscuridad muy mexicana, pero con la esperanza de una luz al final.

Recién te mudaste a California. En el disco hay una canción titulada “Morning in LA”. ¿Afecta el cambio de clima a un compositor?

Representa un reto sí. Aunque estoy muy cerca de San Francisco, por lo que de momento el clima es muy parecido al del Reino Unido. Ha llovido bastante en estos días. Pero sí, el clima afecta el trabajo. Ha sido un ambiente distinto al que estaba acostumbrado desde hace muchos años, pero me agrada salir de la rutina.

San Francisco es, además, un sito con una carga cultural poderosa.

¡Es fabuloso! Lo que más me gusta de este lugar es que California es un lugar muy representativo de la cultura americana. San Francisco, por ejemplo, es una ciudad muy contrastante: tienes a los más ricos y los más pobres cerca. De alguna forma, como compositor de canciones, hace falta salir al mundo y exponerte a todos los extremos sociales. Me gusta estar en contacto con la realidad.

El disco suena muy influido por la música de los 80, ¿te imaginas lo que hubieras vivido de haber nacido en esa época?

Un poco, sí… pero sobre todo me gusta esa música porque los 80 fueron muy importante para la industria. Cuando las discográficas se dieron cuenta que podían hacer millones de dólares de una canción de pop. Además, la música de los 80 es muy pegadiza, se queda dentro de tu cabeza, y eso es algo que valoro mucho en una canción. En realidad, si hubiera nacido en los 80, los 70 o los 60 sería lo mismo, soy fan de muchísima música.

¡Qué lejana se escucha esa idea: hacer dinero de los discos!

El presente ha sacudido a la industria, por lo que me siento privilegiado de poder vivir de mi banda. Tal vez seamos una de las últimas que aún firmó un contrato discográfico, digámoslo así, “de vieja escuela”.  Aunque ya no nos tocaron ciertos privilegios, como recibir sumas estratosféricas de dinero para hacer un disco y poder tardarnos años en grabarlo. Esos son lujos que sólo pueden permitirse algunas estrellas pop en la actualidad. Hoy en día las bandas independientes tienen que aprovechar al máximo sus recursos, estar bien concentrados en lo que quieren y lo que les conviene. Sobre todo porque muchas se encargan de financiar sus propias grabaciones. Al mismo tiempo eso es maravilloso; creo que la independencia ha permitido que se graben discos que en otros tiempos hubiera sido imposible, por lo arriesgados. La tecnología ha derrumbado muchos obstáculos. Representa una dicotomía, ya que por un lado ha posibilitado que la gente acceda a la música de manera gratuita, pero al mismo ha abierto las puertas para que se graben discos de excelente calidad en la comodidad de su habitación. Ha potenciado nuestra creatividad. Ahora, últimamente se ha generado mucho dinero del streaming y éste ha ido a dar directamente a los artistas, aunque en suma sea poco. Eso también se lo puesto más complicado a las compañías, que no saben a qué músicos apostar y a cuáles no. Ya no se puede derrochar dinero desarrollando a un artista, como solían hacerlo antes. Por eso te digo, me siento honrado de haber experimentado todo este cambio.

¿Crees que el rock guitarrero aún continúe con vida en la mente de los chicos?

Sí, definitivamente. Porque cuando está lloviendo afuera todo el tiempo, como pasa en Londres, lo único que queda es reunirte con tus amigos en el garaje y hacer sonar las guitarras y las baterías. La música hecha en los últimos 50 años tiene esa base, esa estructura, y no creo que vaya a desaparecer. Cada vez llegan más bandas nuevas a mis manos y eso me fascina.

En “Swing” cantas: “despierto solo y no sé por qué”. ¿Crees en la importancia de las letras como un desahogo para quien te escucha?

Deberías preguntarle a Charles, él la escribió. Lo que puedo decir es que cuando abordas sentamientos que son universales, cualquiera pueda sentir una conexión e identificarse con tus canciones. Todos nos hemos sentido solos sin saber por qué. La gente viene a nuestros shows por muchas razones; estoy seguro que una de ellas podría ser la melodía que acompaña a las letras. Sin embargo, Charles nunca escribe queriendo agradar a los demás, sencillamente habla de lo que siente y la gente conecta con eso. 

Por último, una vez dijiste que White Lies era un proyecto que no duraría más de un fin de semana. ¿Eso han sido todos años? ¿Un larguísimo fin de semana?

¡Definitivamente! No pasa un solo día sin que me sienta agradecido del trabajo que tengo. Recuerdo cuando éramos adolescentes y tocábamos en el garage, imaginando en la posibilidad de que pudiéramos hacerlo en un escenario. Si te gusta tocar, no haya nada mejor que esto. Todos los días lo recuerdo. Sobre todo porque no tengo que levantarme e ir a una oficina a sentarme detrás de un escritorio. Lo que yo tengo que hacer es juntarme con mis amigos y hacer rock and roll.

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