TXT: Toño Quintanar

IMAG: Lucía Films

Jorge Hernández Aldana, director responsable de El Búfalo de la Noche (2007), está de regreso con Los Herederos; producción la cual funge como una afilada reflexión acerca de los códigos de violencia que rigen a nuestra sociedad.
Mismo fenómeno que, lejos de ser exclusivo de los sectores más precarios, se destaca como una fuerza omnipresente la cual estira su presencia hacia las zonas pudientes de nuestro país.
Este largometraje narra las vivencias de un grupo de adolescentes de clase alta quienes, a pesar de su privilegiado estrato social, esconden una serie de peligrosas inquietudes que los llevarán a atravesar circunstancias verdaderamente estremecedoras.
Durante la pasada Fiesta Internacional del Cine en San Luis Potosí, Marvin tuvo la oportunidad de charlar con un inspirado Hernández Aldana quien, seguramente, dará mucho de qué hablar con el estreno de su más reciente obra.
Marvin: Abordar temas relacionados con la juventud siempre es una tarea arriesgada. ¿Qué límites te impusiste para evitar caer en un discurso moralista con Los Herederos?
Jorge Hernández Aldana: Yo creo que es importante hablar de los temas que nos interesan. No todos tienen que ser temas difíciles y complicados. Cada quien abordará su tema de una manera propia, dependiendo de lo que más le interese. Yo he planteado que a mí lo que me importa no es hacer una denuncia. Estructuralmente, la película no está orientada a denunciar los mecanismos que hacen posible que haya impunidad y doble moral en este país. Ceo que esos mecanismos todos los conocemos bastante bien y no son nuevos. Si la sociedad se sigue haciendo la tonta, pretendiendo que nada sucede, ése es otro problema. El tema es uno sobre el que todo el mundo está informado. Al momento de hacer la película, traté de ser honesto con lo que le estaba pasando a mi personaje principal. Confío en que el público es más inteligente de lo que muchas veces queremos concederle. El público entiende el problema. Los jóvenes entienden el problema. Sabemos en qué país vivimos y, una vez que tenemos ese punto de partida, no necesitamos ponernos a pensar en detalles que pudieran tener una interpretación moralina; sino que podemos dedicarnos a hablar de lo importante que es entender a un personaje que está en un problema difícil y complejo. Yo creo que ésa es la clave. Yo no estoy tratando de hacer una cinta de denuncia. No estoy tratando de decir: “el mundo debería de ser así” o, “el mundo debería de ser de otra manera”. Yo les estoy diciendo: “miren lo que pasa cuando alguien está en esta situación, ¿qué harían ustedes?” No trato de inclinar la balanza hacia algún lado. Creo que hay un final abierto, pero contundente, con respecto al tema. Esto me permite sentir que no estoy forzando una versión sobre los hechos. Yo realmente estoy diciendo: “miren realmente qué complicado es, ¿vamos a seguir mirando hacia otro lado?” Al mismo tiempo, como creador, trato de aprovechar al máximo un territorio que no ha sido explorado, donde no tengo que apoyarme en otras películas de este mismo tema, donde yo tengo un territorio completamente virgen que es una aventura muy interesante y, si yo puedo hacerlo de esta manera, estoy seguro de que el público también lo va a sentir como una aventura interesante. Es mostrar, de una forma honesta y humana, un acercamiento a un tema complicado.
M: ¿Te preocupa que, debido a la corta edad de los protagonistas, la gente encuentre en Los Herederos un mensaje didáctico?
JHA: Nunca puedes controlar cómo es que va a reaccionar el público. La película existe en la cabeza del público. Es una suma de lo que yo puse en la apantalla más lo que ellos han vivido. Cada persona la verá a través del cristal de su propia experiencia de vida. Lo que sí es importante es ser coherente con lo que estás tratando de decir. Si eres coherente con lo que estás tratando de decir, ninguna de las decisiones creativas será gratuita. Quien vea la película se dará cuenta de lo siguiente: el objetivo no es hacer una película sobre chavos, sino explorar personajes en condiciones que no se han abordado, porque tienen problemas nuevos que no existían antes. La dureza de la realidad, la forma en que la sociedad ha evolucionado hacia una contundente pérdidas de valores. Para bien o para mal, el problema ni siquiera es hacia dónde va la sociedad. El problema es esa especie de bipolaridad en la que vivimos donde pretendemos que la vida es de una manera, y así la hablamos, y así la comentamos; pero cada quien hace las cosas de una manera completamente diferente. Es ese contraste entre lo que predicamos y lo que hacemos, lo que genera la posibilidad de hacer esta película. Si yo usara un personaje adulto, los resultados serían distintos, porque ese personaje adulto ya está perdido. El personaje que es redimible es ese joven quien aún está tratando de entender y hacer lo correcto. Es por eso que la película aborda la historia desde el punto de vista de los chavos. Porque los padres ya están perdidos. Si hay alguna oportunidad de que las cosas cambien, es a partir de los jóvenes.
M: ¿Cómo has evolucionado en tu quehacer artístico desde El Búfalo de la Noche hasta Los Herederos?
JHA: Si uno quiere dedicarse a esto tiene que irse redescubriendo todo el tiempo. La verdad es que he tenido un camino sinuoso y extraño. Hice El Búfalo de la Noche hace ya casi 10 años. Tuve un contrato enorme para hacer una película en Estados Unidos con una compañía increíble y, al final, el proyecto se fue para atrás. He tenido una serie de aventuras personales que me han hecho dar vueltas pero, más allá de lo que me pasa personalmente, que siempre influencia tu quehacer como creador, yo creo que la idea es tratar de reconocer las oportunidades para crecer, para reinventarse, para ponerte contra la pared y ponerte a prueba. Este caso para mí fue extremo por el acercamiento al tema de la improvisación. Esa experiencia, en sí misma, no es suficiente para hacer una película; hay que darle forma, dirección y sentido. Pero hacer eso es sumamente demandante. Aquí estoy, poniéndome un reto: algo que nunca había hecho antes, que es muy difícil de hacer hoy en día. Una vez que atraviesas una puerta, descubres nuevos territorios, desde el punto de vista cinematográfico. Eso es lo que me importa. Lo que estoy buscando es encontrar un tema que me importe como creador y como cinéfilo. Hacer una película que yo quisiera ver y que todavía no se haya hecho. Ese es mi punto de partida, siempre. Si eres honesto con esto, siempre podrás reinventarte. Yo creo que ése es el camino que hay que seguir.
M: ¿Qué cine te gusta ver, Jorge? Como consumidor y como artista.
JHA: Comencé a hacer cine porque soy un cinéfilo empedernido. El cine es una parte vital de mi vida, desde muy pequeño. Me gusta ver de todo. Para mí el cine es una forma de comunicarme con el mundo; no sólo como creador, sino también como espectador. Me permite aprender de lo que se está haciendo en otros lugares; saber qué están pensando otras personas, qué vidas están viviendo, qué problemas están atravesando y cómo los están resolviendo. A mí me interesa el cine como un fenómeno al nivel más amplio que se te pueda ocurrir. Veo de todo. Voy los domingos, con palomitas, a ver películas. Estudié cine en Polonia, en un nicho de cine de arte denso, intenso. Soy fanático del cine mudo. Entre mis películas preferidas tendría que incluir cine de Chaplin. Son películas que me siguen marcando. Lo que me interesa es cine (reciente o clásico) que sea original, que plantee, con solidez y fuerza, un tema de una manera no superficial. Que haya una propuesta de mundo y que exista un creador detrás que me esté retando como espectador.
M: ¿Hay una vanguardia actual que te llame la atención en particular?
JHA: Lo que está sucediendo en México es sumamente interesante. El cine que se hace aquí sigue cautivando al resto del mundo. Yo no sé si el público mexicano esté consciente de la influencia de su cine en el resto del mundo. Yo creo que la mejor influencia que estoy teniendo es la de mis propios compañeros y colegas, que están haciendo cine aquí, que se están enfrentando a la misma realidad, y están viviendo en la misma sociedad en la que yo estoy viviendo; y cada quien está procesando eso, sacándolo de forma diferente a través de su trabajo. Creo que, en general, eso también se extiende a América Latina. Lo que se está haciendo en Chile, Brasil, Colombia, Argentina es de lo que más me interesa ahora, porque es lo que tengo más cerca y porque es una forma de crecer como creadores, de entender cómo es que estamos procesando la realidad en la que vivimos. Veo de todo.
M: ¿Dirías que existe, en este momento, una especie de escuela estética mexicana? ¿O consideras que el cine está fragmentado?
JHA: Creo que seguimos siendo el resultado de individualidades. Individualidades muy fuertes que están influenciándose. Hablaremos de un movimiento real en el momento en que se involucre al público en un fenómeno completo. Los realizadores están inspirando a nuevas generaciones. Esa fuerza se siente. Siento que vengo con la fuerza y la experiencia de todas las cintas que se han hecho en los últimos cinco o diez años; eso me da más impulso. Me reta para llegar más allá. Pero sigo pensando que esto no es más que un producto de individualidades, y quisiera que se volviera algo en lo que finalmente se incluyera la participación del público. Creo que cuando el público esté involucrado, y participe activamente en lo que estamos diciendo; ahí realmente podremos empezar a hablar de algo de más largo alcance, de más impacto. En el momento en que terminemos de conectar con ese público, de una manera más contundente, podremos decir que algo más importante y profundo está sucediendo.
M: En Los Herederos abordas el tema de la violencia. ¿Crees que la violencia forma parte activa de la condición humana?
JHA: Creo que, desde hace mucho, la hemos vuelto uno de los elementos fundamentales de nuestra interacción social. Hoy en día, a falta de una eficiencia del estado y de la ley, la violencia se ha vuelto el elemento de intercambio primordial para lograr cosas. Me parece paradójico que, después de miles de años de historia documentada, estemos otra vez en el planteamiento más básico: el uso de la fuerza para lograr las cosas. Me pregunto si eso es lo que queremos. La intención de abordar una clase social pudiente y exitosa (Los Herederos), más que por el asunto del poder, es el asunto de que, en la realidad que estamos viviendo, cuando hablamos de la violencia, señalamos a los estratos menos pudientes como el origen de la violencia. Yo creo que el origen de la violencia no está ahí; sino en la educación que le estamos dando a la sociedad y en la falta de consecuencias de los actos de las personas. Hoy en día, pareciera ser un hecho, práctico y concreto, que es más efectivo recurrir al ejercicio de la violencia para solucionar algo, en cualquier estrato social, que tratar de seguir los caminos regulares: apoyarse en la ley, esperar la solidaridad o un funcionamiento ético o moral. Ante la ausencia de dichos elementos, sólo queda la violencia. Lo que estamos viviendo es un resultado de eso y, la mejor forma de mostrarlo, como un problema re raíz, es retratar a este estrato pudiente el cual es la aspiración de muchos.
 
 
 

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