TXT: Toño Quintanar

IMAG: Accent Film Entertainment

¿El pensamiento es capaz de crear realidades? ¿El mundo de las ideas puede influir en el plano de lo asible? En el año de 1987, el realizador danés Lars von Trier  se dio a la tarea de abordar estas cuestiones a través de una interesante reflexión la cual, valiéndose de un etilismo decididamente siniestro, proponía una escalofriante vacilación donde lo fantástico anunciaba su intervención absoluta en medio de la cotidianeidad más objetiva.

Epidemic es una cinta cuya historia nos introduce en los procesos creativos de un par de guionistas quienes, después de extraviar el manuscrito en el que habían estado trabajando desde hacia una notable cantidad de tiempo, deciden comenzar a hilar una nueva historia la cual narra la evolución de una enfermedad ficticia que amenaza con destruir a la humanidad entera.

Conforme los días pasan y los escritores se sumergen más y más en su trabajo, extraños acontecimientos comienzan a anunciar la irrupción de su historia en el plano de lo cotidiano; misma situación que se irá recrudeciendo hasta alcanzar los matices de un clímax verdaderamente inquietante.

Valiéndose de una estética cifrada en blanco y negro y de un aire de veracidad el cual escapa de toda grandilocuencia desmedida –remanente directo de los experimentos desprendidos del Dogma 96-, el director de Dancer in the Dark nos ofrece una producción la cual puede considerarse como una de las aproximaciones más realistas por parte del Séptimo Arte hacia el fenómeno de lo sobrenatural.

La narración se divide en dos ejes que corren de forma paralela hasta difuminarse de forma evidente. El primero es el de lo decididamente real: la pareja de escritores quienes desarrollan una historia que gira alrededor de una epidemia invencible. El segundo es un trabajo de carácter ficcional en el que se nos sumerge de manera intercalada en los acontecimientos fantásticos que tienen lugar en cada uno de los capítulos.

El poder analógico de esta incurable enfermedad se transforma en un influjo significativo el cual, por momentos, nos recuerda a las categorías significativas alcanzadas por Albert Camus en su obra La Peste.

El virus se transforma en una herramienta representativa mediante la cual se exponen algunos de los vicios y flaquezas más arraigados dentro de la civilización humana. Mismos que, a pesar de desenvolverse dentro del ámbito de lo mental, son capaces de materializarse en el plano de la normalidad a través de horrores plenamente palpables y de conductas aberrantes.

Sin duda alguna, un trabajo que nos recuerda que la dimensión material de este mundo siempre estará al servicio de nuestros procesos mentales y de sus ideales subjetivos.[m]

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