Foto de Ángel Stanich por Andrea Silván

TXT:: Juan Carlos Hidalgo 

No todos los días se dan grandes hallazgos de canciones y es por ello que hay que apreciar cuando ocurren esos descubrimientos. “Un día épico” es una de esas maravillas. Un folk rock a media velocidad cantado por un tipo que tiene todo menos una voz exquisita. Pero le sobran maneras de compositor y sabe cómo disparar una letra.

La tercera estrofa de la rola de la que existe un excelente lyric video- es desparpajada y poco común en español: “Me comí a Bukowski/ Fue una ingesta muy tóxica/ Me excedí en la dosis/ Tuve un problema médico”. La batería poncha, la guitarra se arrastra y una voz destemplada lo conduce todo. Se agradece cuando un autor se esfuerza en poner distancia con los lugares comunes y las rimas de escuela primaria.

Aquí tenemos a un tipo huraño, renuente a los medios y con una pinta de habitar cavernas alejadas de la civilización. Ángel nació en Santander, España, pero luego estudió Periodismo en Valladolid, en donde comenzó a tocar. En aquella ciudad, Javier Vielba, cantante de Arizona Baby y Corizonas coordina una serie de presentaciones para principiantes y un día se presentó ese hombre alto, desgarbado y con una alucinada cabellera y lo dejó perplejo por la manera en la que se desempeñaba. El impacto fue tal que decidió producirle algunos de sus primeros temas. Actualmente, “Metralleta Joe” que viene de aquel momento es una especie de éxito underground.

Pero volvamos a “Un día épico”, ese golpe inapelable del nacido en 1987 y al que diversos promotores anuncian como “El gran enigma”, dado que no le gusta hablar, no atiende a los medios y cuenta muy pocas cosas sobre él. Lo que es curioso es que lleva velocidad al grabar y su nuevo éxito le ha traído mayor visibilidad en el panorama indie. Y lo merece por su arte compositivo… que se plasma a la perfección también en su segunda estrofa: “Desayuné diamantes/ Zarpé hacia rutas salvajes/ Y almorcé desnudo/ Me echaron de un Carls Jr”.

Si estuviéramos en los terrenos de la poesía emergente podríamos apegarnos a esa corriente a la que han llamado “nueva confesionalidad”; ahí se escribe en estricta primera persona –tal como lo hace Ángel- y vaya en que tiene mérito el sacarle un juego poético a un expendio de hamburguesas tan anodino como el utilizado -¿o quizá por lo cutre tenga encanto?-.

Apenas termino de leer la extraordinaria novela Literatura Universal (Ed. Anagrama) de Sabino Méndez y en ella el ex guitarrista de Loquillo y los Trogloditas hablan mucho del arte musical y una de sus apreciaciones calza perfecto para referirnos a Stanich: “Se trataba de madurar la canción, explicar asuntos complejos de la vida que nos rodeaba y transmitir detalles, en su levedad, casi divinos. Detalles que, como siempre sucede con lo que en nuestra limitaciones queremos llamar divino, eran minucias de capital importancia”.

A partir de elementos estrictamente terrenales va cifrando canciones sobre personajes excéntricos, solitarios, desposeídos; una especie de galería outsider que se mueve a la vera de las buenas costumbres y el conservadurismo. Ángel Stanich es un músico excéntrico con mucho oficio y admirador tanto de The Grateful Dead como de Bob Dylan –con quien comparte aquello de la voz tipluda-. Porque en “Un día épico” también hay un clavado a los adorados años sesenta: “Pero cené con Janis/ Hablamos de tetas gigantes/ Y de por qué los niños/ Hacen tanto ruido”.

Stanich es alguien huidizo que atrae no sólo por ello sino por lo minucioso de su trabajo y por lo peculiar -¿Cuántos se atreverían a cantar con ese timbre?-. Es increíble cuando muy pronto un artista logra convertirse en la mejor referencia de sí mismo; pienso en Manos de topo, Joe Crepúsculo, El guincho, y más cerca de un sonido más rock, pues Pablo Und Destruktion. Cada uno sabe que se trae entre manos y Ángel en el coro muestra total seguridad: “Sé muy bien lo que hice ayer/ Sé muy bien lo que hice ayer”.

Y cuando el rumbo de esta historia haría pensar que se trata de un rockero firmado por algún minúsculo sello independiente, siempre hay vueltas de tuerca inesperadas; desde Camino Ácido –su álbum debut del 2014- está firmado por Sony Music España. Su camino prosiguió con Disparar A Un Hombre en Reno -un Ep acústico registrado en directo- (2014) y luego siguió con Cuatro truenos cayeron -otro Ep- (2015) y ahora continua con sus canciones llenas de referencias al cine de serie B, las armas y la imposibilidad de salir indemne ante la vida siguiendo el mismo formato –que se nota que le resulta cómodo-.

“Un día épico” abre una obra que a la que ha titulado Siboney, en una evidente conexión antillana –cubana para ser más precisos-. Ha usado el mismo nombre que un viejo bolero para nombrar a otra entrega de 4 canciones; la que ha ocupado el enfoque central del texto, acompañada por “Mañana”, “¿Quién Ha Elegido Muerte?” y “Señor Tosco”.

Hallar a un músico como este –que se acompaña por un trío- cuando menos contribuye a sacudir la rutina; cae bien que un artista se defina a sí mismo en Twitter como un: “Lysergic songwriter”. Sus temas nos hacen desear echar a andar el descapotable e iniciar un periplo a lo beatnik aun en estos tiempos de odio y rencor desperdigados. Tal vez un largo viaje en carretera escuchando a Stanich nos facilite entrar en un sueño fílmico en una meta-realidad mucho mejor que esta -¡todos queremos beber en Twin Peaks y que Lych sea el cantinero!-.

Por estos días reside en el agitado barrio de Lavapiés de Madrid; es un tipo discreto, seguidor puntual de Neil Young y Bruce Springsteen al que no le inmuta haber llegado muy rápido a los escenarios de grandes festivales españoles como el Sonorama en Ribera del Duero y el SOS 4.8. Sabe que los suyo es hablar poco y componer; aunque las canciones vayan saliendo poco a poco –él no sabe de prisas-.

A estas alturas, el arte todavía es algo que nos permite correr riesgos y deslindarnos de tanta mediocridad y complacencia. No hace falta una buena voz para cantar, no hace falta ser un virtuoso de la guitarra. Lo que hace falta es saber observar al mundo y amar el oficio de cancionero; entonces se puede poner a cantar “Un día épico” sin preocupación y comenzar la canción sin preocuparse de otra cosa: “No te he visto ayer/ Y aquí huele a incienso/ Así que cuéntame/ Tranquilo tengo tiempo”.

 

 

 

 

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