Por Arturo J. Flores

 

Escuché a los fans de Radiohead quejarse amargamente porque los conciertos en México cerraron con “Creep”. Como si las otra veintitantas canciones que los ingleses interpretaron se hubieran borrado de un plumazo. Sólo porque Thom Yorke tuvo la puntada de tocar una que a sus fans les parece muy poco para Radiohead. Como si crear un hit fuese lo más fácil. O tuviera algo de indigno.

No soy fan de Radiohead. Por lo mismo me tiene sin cuidado si deciden cerrar con “Creep” o con “Juana, la cubana”. Sencillamente nunca hice clic con los británicos. Pero reconozco su legado y su presente. Es sólo que nunca conecté emocionalmente con su música. Disfruto de canciones aisladas –por lo general las que nunca tocan en vivo– pero disto mucho de ser uno más de sus fans. En un país donde parece que es obligatorio que te guste. Pero si así fuera, tomaría a “Creep” como lo que es. Una canción. Una entre veintitantas en un concierto de más de dos horas.

Una presentación como la que ya no podré presenciar, de Graveyard. Vamos por partes. Graveyard era una banda sueca formada en 2009 que el pasado 23 de septiembre anunció su desintegración. Justo 20 días después de subir por última vez a un escenario, en Estocolmo. La agrupación que formaban Joakim Nilsson (guitarra y voz), Jonatan Larocca-Ramm (guitarra y voz), Axel Sjöberg (batería) y Truls Mörck (bajo y voz, que sustituyó al integrante fundador Rikard Edlund) hizo pública su disolución a través de un post en Facebook.

“Nubes negras se ciernen hoy sobre el cementerio”, iniciaba el post. “Acogiéndonos al típico por diferencias irreconciliables, el cementerio ha cerrado el día de hoy. (…) Lo único de lo que podemos estar seguros es que ignoramos cuándo, si es que sucede, Graveyard vuelva a reunirse para tocar con toda su fuerza”.

Desde entonces me encuentro de luto.

Sé que el dinero todo lo puede comprar. Me pagó el reencuentro de Caifanes, el de Guns N’ Roses y de no haber caído Cerati en un hoyo negro, quizá hubiera materializado una segunda resurrección para Soda Stereo. ¿Pero a Graveyard? Dudo mucho que los poco más de 11,000 habitantes de la Tierra que los seguimos en Twitter interesemos lo suficiente a los empresarios del futuro como para animarse a invertir en el regreso de Graveyard.

Quizá si hubiera compuesto un “Creep”, la banda tendría una oportunidad de volver. Porque habría centenares de miles de fans exigiéndolos. La verdad somos muchos menos. Y cada año seremos menos. Así de volátil es la música hoy en día.

Graveyard. Una banda de rock duro que deja como testamento cuatro excelentes discos. Siempre disfruté esa capacidad camaleónica para sonar a banda de los sesenta pasada por un filtro moderno. La voz de Joakim raspaba con nostalgia, pero sobre todo me seducía esa personalidad tan blusera de las guitarras. Aunque Wolfmother sea veterano de ese tipo de estética sonora vintage, me enganché mucho más a Graveyard que a los australianos.

Uno se olvida fácilmente de muchas cosas. A los fans de Radiohead debe habérseles olvidado que quizá una vez “Creep” les pareció una canción cool. Porque a Thom Yorke no le disgustó acordarse de que alguna vez le produjo placer cantarla. De acuerdo con una nota difundida por Diffuser.FM, la idea de volver a tocarla en vivo tras todos los años de silencio vino después de que alguien del público la pidió a gritos. Y el rubio, un poco por complacerlo pero un mucho más por ver arder el mundo, convenció al resto de Radiohead de que lo hicieran. Ergo, “Creep” volvió a sonar con sus autores. Porque hasta entonces sólo era posible escucharla covereada en un bar.

No me encanta Radiohead pero me gusta su manera de conducirse. Que al principio de su carrera dejara de interpretar “Creep” porque a la gente parecía no interesarles el resto de su música me parece tan provocador como tocarla ahora, cuando a sus fans les interesan TODAS sus canciones menos esa.

No hagan corajes. Disfrútenla. Ya lo dijeron los Rolling Stones: “It’s only rock and roll”.

Que no daría yo por haber tenido la oportunidad de escuchar a Graveyard interpretando todos los “Creeps” del mundo. [m]