Entrevista por:: Vicente Jáuregui 

“Lo mejor que ha dado Iztapalapa… después de los Ángeles Azules” declara Alex en su FB, con ese humor vivencial que lo caracteriza en el escenario. Hace teatro desde hace siete años, y aunque en cierto momento le interesó emular a Polo Polo, ahora sigue los pasos de Louis CK, Chris Rock y Eddie Murphy, sus standuperos favoritos. Para anticipar su show en Festival Marvin charlamos con Alex sobre su amor por el stand up y la diferencia entre contar chistes y crear material propio.

 

¿Cómo decide una persona que quiere vivir del humor?

A mí desde chico me gustaba contar chistes. Siempre tuve esa facilidad. Mi abuelita Q.E.P.D., siempre me obligaba a contarlos en las reuniones. Los chistes que me aprendía me obligaba a contárselos a mis tías, pero me daba mucha pena porque decía groserías. Cuando crecí, en las fiestas era el clásico que sacaba la guitarra y amenizaba las reuniones. De cierta forma siempre traje ese rollo de la comedia. A mis tíos les gustaba Polo Polo y a mí también, igual el cine de ficheras. Después me metí a estudiar Comunicación, y más tarde me metí a la improvisación, cosas como Improlucha. Pero en todo ese tiempo tuve la inquietud del stand up, solo que no sabía por dónde. Entonces comenzó a surgir el movimiento del stand up en México y por medio de la Improlucha, un amigo me invitó a los micrófonos abiertos y luego a un taller.

 

Al provenir del mundo de la vieja escuela donde todo era contar chistes, ¿no fue rudo el tener que crear tu propio material como standupero?

Sí, al principio mi idea principal era solo contar chistes, estaba muy habituado a la vieja escuela, no sabía que en este mundo todo mundo tenía que escribir sus propios chistes. Cuando me involucré en el standup mexicano y supe de lo que iba, me ayudó mucho el taller para generar mi propio material. Hoy en día ya no me llama a atención la comedia de la vieja escuela, lo mío es el stand up.

 

¿Cómo defines lo que tú haces?

Yo he catalogado mi humor como vivencial, todo lo que yo cuento es a partir de mí. Otros observan, otros denuncian, yo hablo de mis procesos de vida. Yo hago muchos chistes de que soy de Iztapalapa. Ahora que ya vivo con mi novia también escribo de los procesos que conlleva.

 

¿Es una manera de digerir la realidad?

Sí, yo doy clases de stand up en una escuela de publicidad y le digo a mis amigos que escriban de lo que te mueve. Si escribes de algo que te da igual, nunca tendrás la carnita suficiente, pero si escribes de algo que te encabrona muy cabrón, valga la redundancia, a partir de ahí le encuentras la gracia o lo ridículo que puede ser. De ahí puedes escribir algo que valga la pena.

 

¿Qué escenarios te han desbordado o te han provocado un impacto por su tamaño?

He llegado a escenarios muy interesantes. De los últimos fue el Teatro Galerías, en Guadalajara, caben 1,800 personas. Otra vez fue en Playa del Carmen en un lugar repleto con 3,000 personas. Han sido varios. Todos los lugares son disfrutables. Cuando el público va dispuesto a reírse, aunque sean 30 personas ya es presagio de un buen show.

 

¿Alguna vez te han confrontado en el público por netear sobre algún tema?

En shows nunca, solamente una vez un en un pueblito en California, Selma, grabamos un show para Direct TV. Hice un chiste sobre que Jesús pudo ser de Iztapalapa, lo asocié por la procesión que se hace allá en estas épocas y al final un señor me dijo que no estaba bien que yo dijera esas cosas. Después lo grabé para otro lado y el video se hizo viral. Varias personas me confrontaron en redes sociales, me dijeron que no estaba bien que me burlara de Dios. Pero en el show tal cual nunca ha pasado.

 

La gente luego interpreta lo que quiere.

Apenas hoy leí un tuit de un compañero que decía que el humor tiene una característica de hacer reír a muchos pero ofende a otros. Siempre va a pasar, dependiendo de lo que digas, no está uno exento. Hay quienes entienden que es un chiste y lo entiende como tal, otros sólo ven ciertas palabras del chiste y las juntan para hacer la oración que les moleste.

 

¿Cómo te surge un chiste? ¿Los anotas o confías en tu memoria?

Cuando se me ocurre una idea la anoto inmediatamente en el celular o la escribo. Nosotros entre comediantes nos ayudamos mucho. Nos juntamos a colaborar y compartir las ideas.

 

¿Tallerean?

Sí, nos juntamos a platicar y de repente hay muchos chistes que incluso salen en la peda. Te pones a improvisar y comienzan a salir cosas. Te das cuenta y las anotas. Otras veces en el escenario surgen chistes, a veces buenos, otras no tanto, pero vas seleccionando.

 

¿Qué tipo de humor nunca harías?

No tengo mucha afinidad por el humor muy grotesco, demasiado escatológico, gore. Lo respeto y entiendo que haya mucha gente que le guste pero no soy muy afín. Incluso hay algunos memes que ya se pasan de lanza con sus imágenes.

 

Como ahora que los tabloides amarillistas se burlaban de los atentados de Bélgica.

Eso se me hace más burdo, los de El Gráfico y La Prensa tienen ese toque especial para escribirlo más apropiado, pero hasta eso, aunque no sea muy afín, lo respeto. Yo creo que se puede hacer humor de todo, no de todo se puede uno reír, pero sí hacer chistes.

 

¿Qué quieres ver en esta edición 2016 del Festival Marvin?

Me llama la atención ver el Festival Marvin en conjunto, con todo lo que involucra. Sobre todo lo que más me llama la atención es ir a echar desmadre.

 

No te pierdas el stand up de “El Chaparro” el próximo 21 de mayo en #FestivalMarvin. Consigue tus boletos a través de Boletia, La Roma Records, Common People, Universidad de la ComunicaciónDiscos Mono o Music Box.