Entrevista por:: Vicente Jáuregui

Actor, improvisador, director en pañales, guionista, ex titiritero con siete años de experiencia haciendo Stand Up Comedy. Gustavo Proal aprendió todo lo que sabe en el Grupo de Teatro Género Menor y ha participado en Comedy Central, el mes del Stand Up, StandParados en Distrito Comedia y en foros de todo México y Nueva York (Stand up NY, Broadway Comedy Club y Comedy Cellar). Además de una dolorosa búsqueda de popularidad, Proal busca compartir su quehacer artístico y en su ocioso, inventa chistes sobre todo tipo de situaciones absurdas de la vida.

 

¿Cómo te das cuenta que el humor está de tu lado?

Fue bien morrito, tenía como 10 años. Sin caer en el drama, mi niñez no fue necesariamente la más fácil del mundo, descubrí que el humor era una manera de defenderme. En ese momento no sabía que era un mecanismo de defensa. Comencé a hacer sketches, sin saber qué era eso, ni sabía el nombre. Agarraba a un primo que era mi side kick, nos disfrazábamos para hacer sketches para la familia. Con los años quise ser actor dramático pero me falló, terminé regresando al humor.

 

¿Eras el buleado o el pasado de lanza?

De niño yo era el buleado, era un buleado bastante necio que se defendía, lo cual empeoraba las cosas. Así me di cuenta que si me anticipaba a ellos me defendía: comencé a burlarme de mí mismo.

 

¿Te llegó el humor vía cable o en vivo y en directo?

Fue culpa de HBO, viendo a George Carlin, era la primera vez que yo veía algo así. Con ese monstruo el impacto resulto profundo e inevitable. Ahí supe que yo quería hacer esto. En ese momento nadie daba clases, entonces fue ir yo agarrando la onda. Fue una imitación, como se aprende casi todo de principio, tratando de adivinar cómo lo hacía. Ya cuando el internet se fue haciendo más sencillo tuve acceso a más documentos.

 

¿Te acuerdas la primera vez que te subiste a un escenario ya con una rutina preparada?

Hace 9 años fue mi primera vez. En años stand up es bastante, si tomamos en cuenta que la escena lleva poco tiempo. Yo tenía un show de improvisación teatral, un día me valió y comencé el show con stand up, nadie sabía qué estaba haciendo, pero dio risa y funcionó. Luego comencé a ir a bares, pero la gente esperaba a cuenta chistes. Era difícil, no me iba muy bien.

 

En México aún somos bastante neófitos en materia de stand up, ¿cómo le explicas la diferencia a alguien que no tiene idea de lo que hace un stanupero a un cuenta chistes?

La enorme diferencia tiene qué ver con la autoría. El stan up puede ser tan profundo, ridículo, tonto, radical, homofóbico, misógino como el autor quiera. Nunca debe haber una vena temática de ninguna temática, pero tienes que ser autor de tu propio discurso. Los cuenta chistes tienen todas las tablas del mundo y las herramientas pero todo es de dominio popular.

 

¿Es como tocar covers o escribir tus rolas no?

Puede haber una banda de covers muy buena, pero es sólo una banda de covers y lo tiene que reconocer, un cuenta chistes, casi siempre es una banda de covers, es una comparación muy atinada. Un standupero tiene que hacer sus propias “rolas” y ya la gente elige si le gusta o no.

 

 

¿En qué momento te has sentido sorprendido en un escenario, que ni tú te crees que estás ahí?

Ha habido un par. La primera vez que grabé para Comedy Center me sentí soñado, era muy impresionante que eso estuviera pasando, sobre todo porque me tocó ver cómo la escena salió de la nada. Era muy significativo. El segundo momento fue hace poco en un pueblo. El lugar estaba repleto y lo sorprendente era que la gente estaba muy consciente de lo que estaba a punto de ver. Darme cuenta que el stand up había rebasado tantas fronteras me dio muchísimo gusto.

 

¿Dónde fue?

Era un pueblo muy pequeño por Cuautla, Morelos, que ni te imaginas que habría stan up. Ayer platicaba con el Cojo Feliz y me platicaba algo similar, fue un pueblito y todo mundo sabía lo que era el stand up.

 

Es como ir a un pueblito a tocar jazz experimental y todo el mundo sabe de John Zorn.

Justo eso, si saben de Zorn es que ya lo ubican perfecto.

 

¿Qué significa Marvin para ti?

Es muy curiosa mi relación con Marvin. Hace muchos años alguien me había invitado para escribir. Al final no pude por compromisos, pero me considero un diletante de la música, toco 3 instrumentos.

 

¿Qué tocas?

Guitarra, banjo y percusiones. Por mucho tiempo he tratado de levantar una banda, yo creo que cuando sea famoso y gordo ya tendrá chance de hacerlo.

 

Regresando a la revista, ¿eres lector constante de Marvin entonces?

No soy muy constante con nada, pero cuando la conocí la leí y me gustó mucho, entonces cada que puedo la busco. Hace 3 años me invitaron al festival y fui un rato a ver bandas. Pero fue hasta que conocí a Uili Damage que profundicé y cuando salí en la revista me sentí muy especial (risas).

 

¿A qué bandas verías del cartel?

No conozco a prácticamente nadie, pero eso es por el fenómeno del chavo ruco que no sale nunca.

 

También es porque el Festival Marvin es una plataforma para descubrir el talento del futuro…

… está padre eso porque yo mismo no estoy en el spot ligth de los stanuperos. Me siento parte de esta comunidad de gente que vale la pena conocer. Habiendo tanta oferta de música y leyendo la revista me doy cuenta que son muy exquisitos y que el festival me está enviando una selección muy buena de lo que ocurre ahora en México. Entonces ya no me pierdo en la marejada. En la preselección estoy seguro que todo será interesante.

 

¿Por el puro nombre, a quiénes irías a ver?

Por puro nombre quiero escuchar a Dolores de Huevos, San Juan Project, Sex Sex Sex, los puros nombres son una chulada.

 

No te pierdas el stand up de Gustavo Proal el próximo 21 de mayo en #FestivalMarvin. Consigue tus boletos a través de Boletia, La Roma Records, Common People, Universidad de la ComunicaciónDiscos Mono o Music Box.