Por Vicente Jáuregui 

Carla Rivarola es una compositora y multi-instrumentista mexicana-argentina de veintitrés años con base en CDMX. Iranti es su tierno, bilingüe y volátil proyecto solista de voz y guitarra eléctrica. Su género puede ser mejor descrito como “”pop chuequito”” -arraigado al formato canción pero con fuertes influencias del jazz, el math y el rock progresivo. El sonido de Iranti se caracteriza por el uso de millones de acordes en estilo finger-style en combinación con líneas melódicas de saltos amplios, al igual que por el empático intimismo que se deja relucir tanto en sus canciones como en sus presentaciones en vivo.

Desde sus inicios en Mayo de 2014, Iranti no ha parado de tocar en vivo ni de componer nuevo material. Su primer trabajo discográfico, Origami (2015), fue realizado de forma independiente gracias al apoyo de familia, amigos y fans a través de una campaña de Fondeadora que rebasó sin pudor alguno su meta inicial. Actualmente se encuentra en la etapa de pre-producción de su primer LP (y su primer trabajo discográfico en lengua hispana): Caña de Pescar.

¿Cómo descubriste que también querías dedicarte a esto?

Yo crecí viendo a mi papá tocar la guitarra y sobre todo escuchando toda la música que me ponía, sobre todo música brasileña y no a los típicos. Yo tenía curiosidad de tocar desde muy pequeña, pero mi papá no me pelaba por alguna razón. Quizá le daba miedo de que si aprendía desde muy chica le perdiera el gusto. Pero cuando tenía 11 años pasó algo. Yo nunca había visto su guitarra eléctrica, dejó de salir de tour en el año en que yo nací y nunca la sacaba, crecí escuchando su guitarra con cuerdas de nylon. Un día estaba en mi cuarto escuchando algo como Blink 182 (risas) y estaba cantando. Me tocó y me dijo:

–“Cantas bonito, ¿quieres ver mi guitarra?”.

–Le dije, toda adolescente: “Ahh, ya conozco tu guitarra acústica”.

–Me respondió: “No, tengo una guitarra eléctrica”.

La sacó del estuche y era una Stratocaster del 79 con la que hoy sigo tocando. Cuando la agarré por primera vez sentí esa onda cósmica de cuando tomas el instrumento por primera vez y crees que mágicamente vas a poder tocar. Obviamente supe que no pude, pero supe que podría. La siguiente semana fui al Verkamp de Perisur a tomar clases (risas). Ahí encontré la razón por la cual no me ubicaba en el mundo. Desde entonces el engrane no ha parado de girar. De verdad fue algo místico.

¿Cuándo te surge la composición?

He escrito canciones casi toda mi vida. Las rolas venían a mí vocalmente, las tarareaba y así surgían letras. Siempre he sido ávida de la lectura y la escritura. Durante mucho tiempo todo mundo creía que yo me iba a dedicar a las letras. Pero no tengo el mismo fuego por la prosa que por la poesía musical.

¿Te acuerdas de tu primer canción?

Cuando lancé mi primer EP, que es del neolítico, algo así como la tabla de piedra de los EP’s, se pudo parear lo que tenía en la cabeza con mis manos. Ahí grabé “Virginia”, mi primer canción. Grabé todo en una mixer, ni si quiera tenía una interfase, pero así lo subí (risas). Ese fue mi modus operandi durante un buen tiempo.

¿Por Virginia Woolf?

No, por Virgina, el estado (risas).

¿Andabas como Sufjan Stevens tratando de hacer una canción por cada estado

del gabacho?

(Ríe). No, fue algo circunstancial porque me enamoré de un chico que había nacido ahí.

¿Cómo lo conociste?

Lo conocí en Berklee, me fui un verano y vivíamos en la misma casa y fue un amor imposible y tormentoso.

¿Aún tocas esa canción?

Sí, está en varias versiones en YouTube.

¿Sigues pensando en él cuando la tocas?

No, pero agradezco que ese chico allá pasado por mi vida, porque definitivamente, las situaciones platónicas, son pura gasolina creativa. En realidad escribí como 4 canciones a esa situación, porque soy una fervorosa creyente de que uno no escribe canciones para personas, sino para situaciones.

¿Eres situacionista entonces…?

Algo así.

La vez que te vi tocar, me sorprendió que lo hiciste tú sola, sin efectos ni tecnología de por medio. En una época en que todo mundo se esconde detrás de secuencias, efectos, ¿Cómo decides mantener limpia la música que haces en vivo?

Son varias cosas, en primera le he dado muchas importancia a yo sola poder sostener la rola. Me importa mucho eso porque en algún punto comencé a cuestionarme porqué a pesar de estudiar música durante muchas horas al día, no podía tocar una rola. O porqué cuando estás tocando el solo a la par de una grabación fluye muy bien, pero cuando lo tocas sin el acompañamiento te pierdes. Todo eso comenzó a molestarme. Es como cuando vas a la escuela y solo copias palabra por palabra lo que dice la maestra: se te va a olvidar. Pero si son tus propias palabras, lo resignificas. Para mi, llegar a un nivel técnico e interpretativo por ti mismo es el mismo principio, estás resignificando. Por eso he procurado tocar yo todo sin efectos, para no esconderme. Ha sido un esfuerzo y un proceso largo, sobre todo vocalmente.

Al principio estaba muy dispareja entre voz y guitarra porque llevo 12 años tocando y 2 cantando. Ha sido una buena manera de trabajar, ahora me siento muy confidente con ambas cosas. Por otro lado, nunca he tenido dinero para comprar equipo, he heredado cosas de mi papá, pero nunca he tenido un amplificador por ejemplo. Me gusta la plasticidad y trabajar directo con la materia. Para clavarme en producción y efectos necesitaría conocimiento físico para lo cual siempre he sido muy mala.

Ahora que tocas con banda, ¿Eso ha cambiado?

Últimamente he estado jugando más con los efectos porque ya tengo una banda. Así puedo usar la guitarra en el rol que tendría normalmente. Esa parte es muy nueva para mí. Siempre he tratado de llenar y siempre mi pensamiento de la lira era como si fuera un piano, ahora es una sección más.

Hasta hace poco, tus composiciones eran en inglés, tu disco Origami está en ese idioma, pero de repente y sin aviso ahora lanzas nuevo material en español. ¿Cómo se dio el cambió tan rápido?

Ya lo venía trabajando, es una inquietud que ya tenía. De hecho ese pronto EP del que te hablaba está en español. Siempre me ha gustado mucho. Pero sucede que fui a la escuela en inglés toda la vida, mi abuela y mi madre son políglotas. Mis papás hablaban en portugués cuando era niña. Siempre ha habido una pluralidad cultural en mi casa. Nunca estuvo mal visto que nos habláramos entre nosotros en inglés o portugués. Obviamente yo limitada porque ellos sí hablan esos idiomas bien, yo no tanto (ríe). Cuando comencé con Iranti, traía más fresco mi rollo con el inglés, me tardé en encontrar mi propio lenguaje en español, que no sonara pomposo. A partir de escuchar música bien chida en español encontré esa vertiente.

¿Qué escuchaste que te ayudó a encontrarte a ti misma componiendo en español?

El primero es un cantautor cordobés que se llama Rodrigo Carazo. La primera vez que lo escuché lo vi en vivo en Argentina, me impresionó mucho. Su música es como si agarras a Pat Metheny, música brasileña y rock progresivo, lo juntas y haces letras en español. Fue un punto de partida muy importante para mí. Luego encontré a Foeme, una banda que es de acá, súper compas, los conocí y ahora son mi banda, todos menos Arturo, yo soy el Arturo de Iranti, (risas). Luego encontré a Me Llamo Sebastián de Chile, que tiene un tratamiento lírico que me fascina. Escuchar su música me inspiró a faltarle un poco el respeto ala parte lírica. Siempre he sido muy propia, me ha costado trabajo darme cuenta que puedo decir “chido” en una entrevista (risas). Imagínate, ese güey hablando del Nintendo, me pareció muy grandioso. Por otro lado está la tradición bolerística, me encanta tocar boleros. Me sé miles de boleros en la guitarra.

¿Cuál es tu bolero favorito?

“Sabor a mi”, me rompe el corazón, también “Como dos puñales” de Agustín Lara. Siempre me pregunto cómo puedo llevar ese romanticismo y esa forma tan perfecta a un formato más actual. Me importa mucho que la música sea actual. Otra cosa, no quería hacer música en español que sonara traducida, por suerte como que cuajó. Ya terminé de componer, Caña de pescar, mi primer LP y está en español.

¿Podremos escuchar algo de Caña en el Festival Marvin?

Ahorita estamos enfocados con la banda en armar el material del Origami EP, que ya está afuera. No sé qué tanto dé el tiempo para tocar lo nuevo. Si el tiempo lo permite, voy a tocar yo sola una del Caña de pescar.

Hace poco dijiste en FB, “me invitaron a tocar al festival de los chicos populares” (risas), ¿así visualizas el Marvin?

(Ríe), No, en realidad me gusta cotorrear (risas), me gusta jugar con esa tetés. Soy muy teta, la neta sí me emociono mucho de que me hayan invitado (ríe).