Por Juan Carlos Hidalgo y Jaime Acosta

Dice cosas importantes de un hombre la manera en que arma su biografía; este colombiano, nacido en 1979, cuenta que su vida cambió cuando a los 11 años escuchó el Now! de The Rolling Stones y al año siguiente el Sgt. Pepper’s de The Beatles. Se trata de un periodista de larguísima carrera que ha dedicado buena parte de sus afanes a entrevistar a figuras históricas del rock.

Y es que tratar de resumir el índice de Satisfaction (Ed. Aguilar) es casi imposible; ahí están Eric Clapton, Roger Daltrey, Nick Mason, Ray Manzarek, Brian May y Tony Levin, entre tantísimos. Nombres inmensos como Roxy Music, Rush, The Who y Pink Floyd dan paso a nuevos héroes como Steven Wilson y el mal hablado Noel Gallagher.

Estas Conversaciones con el rock –subtítulo del libro- son un compendio eléctrico y apasionado. No sólo incluye anécdotas memorables sino que plasma perfectamente a estos monstruos musicales, tal como se percibe en la siguiente conversación que realizamos en exclusiva para revisar a detalle las implicaciones de esta práctica.

 

¿Qué es lo que aporta la entrevista como género periodístico a diferencia de otros?

La voz del personaje, su autenticidad y legitimidad. Nosotros simplemente nos convertimos en un medio para transmitir de la mejor manera, como periodistas, esos recuerdos que forman parte de la vida de aquellos personajes que han pasado casi 50 años en el mundo del rock. Personajes que en muchos casos parece que le huyen a la memoria. La entrevista tiene un valor muy importante en ese sentido por la veracidad de la voz del personaje. En eso radica el secreto.

 

¿Es fácil mantener la distancia entre el profesional –el periodista- y el fan?

Tienes que estar muy centrado en lo que eres. Por su puesto que cuando tienes enfrente a un tipo como Brian Eno o estás hablando por teléfono con Roger Daltrey, quisieras muchas veces que tu alma de fanático se dejará fluir y decirles una cantidad de cosas que ellos representan para ti. Finalmente, son amigos entrañables que nos han acompañado durante muchos años. Desde cuando escuchamos a The Who por primera vez y ahora tener la oportunidad de hablar con uno de ellos pues es algo increíble. Teniendo muy claro el papel y la labor de un periodista, sabemos que existe una línea muy delgada que no se debe de cruzar. Si estás pensando en qué momento te podrás tomar una foto con Brian Eno y te firmará los discos de Roxy Music estás fallando en la misión, que es la de simplemente ser un medio para transmitir grandes historias que ellos tienen.

 

Supongo que al inicio de tu carrera, esto era mucho más difícil. ¿Cómo fueron tus primeras entrevistas?

Las primeras entrevistas se dieron porque fui editor y fundador de una revista digital que antes se llamaba Mtres.net (ahora Mtres.co) y una de las funciones que desempeñaba era la de conseguir entrevistas con personalidades del mundo del rock. Así fue como a partir del 2004 comencé a afinar el arte de cazar músicos. La primera entrevista que realicé fue precisamente en ese año a Peter Hammill, líder de la banda inglesa de rock progresivo Van Der Graaf Generator; a partir de ésta fueron apareciendo muchas más; todas ligadas al rock progresivo. Coincidió en que en esa época que estaba muy metido en el rock sinfónico; imagina uno a los 24 años escuchando música que tenía 30 o 40 años de haberse producido. Era emocionante hablar con Daevid Allen de Gong y Steve Hackett de Genesis, músicos que no son tan masivos y por el hecho de que pertenecen a la corriente progresiva son mucho más dados a hablar, la fama no es lo de ellos y resultan muy generosos en historias. Después trabajé en una emisora como productor y tenía que conseguir entrevistas con gente del espectáculo. Más tarde tuve la oportunidad de colaborar con la revista Rolling Stone edición colombiana y se vino otra ola de músicos. Mantenía contacto con ellos, así que cuando este proyecto se fue decantando aproveché para tocar otros temas que no se habían podido abordar.

 

¿Cuál es la entrevista que implicó el viaje más lejano para realizarla? ¿Y cuál la más difícil y por qué?

En cuestión de viajes, salvo Steven Wilson (Porcupine Tree) en Nueva York, el resto se ha dado en Bogotá o por vía telefónica o correo electrónico. Más que la dificultad de conseguir a un personaje en un viaje es la dificultad de concretar el encuentro con muchos de ellos. Necesitas obtener el dato exacto de quien es el contacto oficial para acercarte al artista, lidiar con un intermediario, saber manejarte y poder transmitir bien tu mensaje. A veces he tenido la fortuna de hablar directamente con el músico. Colombia no es un país con una tradición rockera importante, entonces para personajes como David Gilmour no es nada atractivo como si se tratara de Argentina, que es un mercado mucho más robusto y se han editado todos sus discos.

Tienes que tener en cuenta una serie de variables que van ligadas. Desde tu localización geográfica hasta las razones por las cuales estás buscando el personaje. En ese orden de ideas he tenido personajes que se me han caído o quedado en el horno. Por ejemplo con Andrew Loog Oldham duré todo un año y muchos correos tratando de concertar el encuentro con él. Roger Daltrey fue otro con un grado de dificultad alto porque tuve que hacer una movida de relaciones públicas muy intensa para llegar a él. Con Manfred Mann me tardé dos años, escribiéndole una vez al mes un correo electrónico hasta que finalmente entendió que esto era en serio y me dio la entrevista al final. Las variables dependen de las circunstancias; incluso del estado de ánimo del músico.

 

¿Qué nos puedes contar especialmente del encuentro con Brian Eno? ¿Cómo es su personalidad? Alguna anécdota.

Fue como invitado al Hay Festival en Cartagena en 2015 y decidieron dar una rueda de prensa, lo cual no fue una decisión muy acertada porque finalmente lo llenaron de preguntas obvias, cosa que a él no le agrada mucho. Brian Eno va más allá de haber producido el Joshua Tree o trabajar con Coldplay. Logré conseguir una entrevista cara a cara con él, inicialmente iba a ser para un medio colombiano pero terminó por no publicarse. Es una persona muy amable, aguda, inteligente hasta más no poder. Sobretodo un tipo muy generoso cuando le haces la pregunta indicada. Hay ciertos secretos para que un personaje hable y se entienda perfectamente con el entrevistador, tocar aspectos que les interesan más que otros. Si hubiera iniciado la entrevista con Brian Eno hablando de Roxy Music, probablemente le hubiera generado un poquito de malestar porque ese episodio no esta agradable para él, a diferencia de su época con Bowie, sus trabajos junto a Robert Fripp. Me encontré con un personaje fascinante, con una visión muy global y clara de la música, lo que es la industria y el rol del músico en estos tiempos de tanto cambio. Es de las mejores que he hecho en mi vida. Un artista en todo sentido de la palabra.

 

¿Cuál es el proceso que sigues antes de entrevistar al músico?

Es un proceso de lectura previa, de intentar conocer al personaje sobretodo en otro tipo de entrevistas que hayan dado, datos biográficos. Tratar de llegar a cosas que no les agrada que les pregunten. ¿Cómo no preguntarle a Jack Bruce por Ginger Baker y Eric Clapton y su salida de Cream? ¿Cuántas veces en esta vida le han preguntado eso? Es la manera en que se la preguntas. A mí me tocó la coyuntura con un documental que había salido recientemente, Beware of Mr Baker, eso me permitió meterme por el lado de Cream aunque para mí era claro que no le gustaba tocar ese tema. En el desarrollo de la entrevista con Jack Bruce, hay una parte donde me sugiere dejar de hablar de Cream y centrarnos mejor en el presente. Siempre hay que intentar de la mejor manera que el músico hable de cosas que al lector le van a parecer interesantes y no solo centrarse en su nuevo disco o gira.

 

¿Cuál sería alguna enseñanza que haya dejado alguna de las entrevistas más allá de lo estrictamente rockero?

La mayoría son personajes que le huyen a la memoria, que viven en el presente de una manera muy vertiginosa y quisieran presentarse sin un pasado que fue glorioso. Robert Plant, en la época de la entrevista que fue en 2007, me advirtieron que no le fuera a preguntar sobre Led Zeppelin con mucha intensidad porque ya tenía muchos años y Plant estaba en otros temas. Sobretodo porque las cosas no terminaron muy bien después de la muerte de Bonham. Si revisas las últimas declaraciones de Plant cuando salió el disco Lullaby and the Ceaseless Roar se trataba del mismo personaje que cuando salió el disco Band of Joy y la colaboración con Alison Kraus, lo tenía muy estudiado el discurso de su pasado. La gran enseñanza es que se trata de personajes que no quieren vivir del peso del pasado sino que buscan evolucionar y no tener memoria en la mayoría de los casos. Personajes que le huyen al peso de la memoria.

 

Después de entrevistar a tantas figuras históricas, a groso modo, ¿qué resulta de compararlo con el rock actual? ¿Cuáles serían sus grandes diferencias?

La edad de oro del rock que es desde el 65 hasta el punk y post punk todavía hubo muchas cosas buenas -incluso hasta el grunge-, un poco el indie y la Cool britania es como el último gran momento de efervescencia artística. Últimamente, siento que los músicos actuales han caído en lugares comunes, no proponen, no arriesgan, la tecnología les ha hecho mucho daño en algunos casos. Finalmente uno termina emocionándose, a los que nos gusta el rock clásico, cada vez que Bob Dylan, David Gilmour, Leonard Cohen o los mismos Rolling Stones sacan un disco. No emociona tanto una banda contemporánea como Foals. Si tuviéramos que nombrar un personaje que estuviera marcando la diferencia, relativamente contemporáneo, se me ocurren 3 nombres: Steven Wilson, Jack White y Dave Grohl. El resto de las bandas nuevas les falta esa chispa o el ingenio de arriesgar, seguramente lo hay pero lo pongo desde mi perspectiva radical. Lo último que me emocionó fueron The Libertines o Babyshambles y estamos hablando de hace más de 10 años. Hay una frase de Andrew Loog Oldham en este sentido: “La música de hoy en día parece hecha con condón”.

No toman riesgos para proponer algo que se salga de la necesidad de obtener clicks y escuchas en Spotify. La hipermediatización en la que vivimos, aunque es buena para posicionar al artista, en muchas ocasiones le hace daño a la manera en que consumimos música, hay demasiada información y nada de espacio para asimilar un disco. Pasó con Bowie, ni siquiera los periodistas ingleses más sabihondos supieron leer el mensaje cifrado que nos estaba dejando en “Lazarus” y “Blackstar”. Nadie captó que la frase: “Look at here, I´m in heaven” era un anuncio de que se iba a morir. Hubo especulaciones de que el disco tenía referencias al estado islámico y cualquier cantidad de tonterías, porque la gente no está tomando el tiempo para asimilar la información. [m]

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