Soy muy básico, la verdad. Para que una canción me guste, sólo necesita que hable de amor (de preferencia el amor no realizado). Puntos extra si ésta se encuentra sobre una base electrónica bailable. Esta combinación me parece perfecta, por un lado estás moviéndote como desquiciado en una pista pegajosa y apestosa de cerveza caliente, y por el otro, sientes como tu corazón se derrumba por culpa de una estúpida esperanza sentimental. De eso se trata todo.

Un texto de Pablo Pulido

Selfies por Jessy Lanza

Este ciclo emocional siempre ha estado presente en mi vida, más por gusto que por necesidad. En algún momento creía que se trataba de un comportamiento masoquista que requeriría de una larga residencia con el psicólogo (o psiquiatra), pero en cuanto me encontré con el libro Canciones de amor, escrito por el músico e historiador, Ted Gioia, entendí que se trataba de un comportamiento totalmente comprensible.

En dicho libro, Gioia defiende y normaliza la sensibilidad del ser humano –a partir del análisis de diversas teorías– como la imitación del entorno para cubrir necesidades –en su mayoría– biológicas como el apareamiento, que pronto evolucionaría a ritos y costumbres de las que derivarían las “canciones”, y que incluso éstas ayudarían a historiadores y teóricos a entender la creación artística en civilizaciones tan antiguas como Mesopotamia, o descubrir tradiciones liberales en una sociedad tan estricta como la de Medio Oriente, todo esto desde las letras de un o una compositora que no temía en incluso violar las leyes de la decencia para mostrar su sentir, pues ya no encontraban sentido alguno en vivir con un corazón roto.

Entonces, ser emocional ya no parecía ser un problema o peor aún, una manía o mala costumbre, sino un don relacionado a la valentía y, principalmente, a la empatía, y el cual permitiría conectarse a las personas en un nivel aún más poderoso que el consciente: el de las emociones.

Y, ¿qué tiene de malo hablar sobre los sentimientos? Hoy parecería que una canción en formato de rap político o post-rock social tienen más validez que una canción de amor. Pero Gioia apunta que, a pesar de todos los esfuerzos del ser humano en complicar la estructura de la música –y el arte en general–, siempre regresaremos a la base de la expresión: el amor.

“¿Qué tiene de malo hablar sobre los sentimientos?”

Siendo los egipcios los pioneros en la composición de canciones de desamor, hoy en día este tópico podría ser considerado como el preponderante en la listas de popularidad. Incluso canciones de supuesta vibra optimista, muy dentro de sus líneas podemos encontrar retazos de melancolía emocional. Entonces, ¿cuántos discos de desamor existen? Muchos, pero en esta ocasión quiero hablar sólo de uno: Oh No, de Jessy Lanza.

Este disco fue lanzado en mayo de 2016, con la previa presentación de un primer sencillo llamado “It means I love you”, en el que Jessy describía sin tapujos su amor hacia cierta persona, al mismo tiempo que un frenético beat retumba al fondo, de la misma forma en que un corazón se altera cuando está a punto de entregarse.

Vaya sorpresa cuando Oh No estuvo disponible para su escucha en su totalidad, porque detrás, o mejor dicho, delante, de todo ese extrovertido sonido que se percibía a primera instancia, se encontraban los vestigios de un amor no correspondido. Así me lo confirmaría la misma Jessy durante una conversación que tuvimos este año en el Carnaval de Bahidorá: “Es un disco sobre cómo lidiar con el rechazo, un sentimiento que experimentaba mientras grababa el disco”.

La primera vez que escuché a Jessy Lanza, me encontré con una atmósfera oscura, incluso abstracta, que sinceramente no me atrajo. Editada por Hyperdub, un sello londinense de carácter vanguardista y hasta experimental, pensé que líricamente no habría nada emocionante o confesional en ese disco debut titulado Pull My Hair Back.

Pero fue con Oh No, que la dirección de Jessy viró hacia otro lado. Tal vez fue ese corazón roto o la coproducción de Jeremy Greenspan (de Junior Boys) que inspiraron el cambio, pero este álbum se convertiría tras su publicación, en un monumento que representaba cada una de las etapas en que se encuentra alguien que se ha enfrentado violentamente a un “no” pasional.

Poco después de nuestra breve charla en ese Bahidorá, ella se subiría al escenario a ejecutar el ritual del corazón roto; pero justo cuando me encontraba bailando bajo un sol incandescente, me di cuenta que yo mismo estaba en medio de una historia de rechazo, que justo frente a mí estaba esa persona que nunca me daría el sí, a pesar de “trabajar todo el día por un amor que nunca vería”, como la misma Jessy canta en “VV Violence”.  Pero, ¿qué le recomendaría ella a alguien como yo, a quien le han roto el corazón? Jessy responde: “Consiéntete”.

Han pasado siete meses desde esa plática, desde ese baile, desde esa vez que yo me sentía rechazado y ella musicalizaba mi escena. Hoy nuevamente coincidimos en Rosarito, Tijuana, a cientos de kilómetros de donde sucedió esa historia. También hoy, ambos nos sentimos distintos, tal vez no completamente renovados, pero en definitiva mejor. Pero no quiero suponer y no dudo en preguntarle sobre cómo se encuentra tras finalizar un increíble –por decir poco– set en Nrmal Baja x Cucapá, a diferencia de ese momento en que escribió el disco. Me confiesa que la he tomado por sorpresa: “Me siento diferente… No sé… Es difícil contestar porque es una pregunta muy dura… Digo, me siento bien en este momento, luego de haber tocado. Es mi momento favorito porque me hace sentir aliviada”.

La conversación pronto divagaría en cuestiones menos existenciales: sobre su presentación en una fiesta del sitio web Gorilla vs. Bear; sobre su no miedo a que la gente no quiera bailar durante sus shows; sobre cómo su último video para la canción “I Talk BB” podría ser un himno nacionalista canadiense, el cual fue dirigido por Winson H. Case (quien dirigió también ese polémico video para “Hood” de Perfume Genius, en el que aparecía el actor porno gay, Arpad Miklos), y sobre un próximo disco nuevamente junto a Jeremy Greenspan y la composición ya de una nueva canción, esta vez no de rechazo, sino de un amor, sí, de un amor correspondido.

Entonces le cuento sobre mi perspectiva entre la música de Kelly Lee Owens y la suya, muy parecidas en superficie pero distintas en la manera de plantear sus sentimientos. Se muestra pensativa ante la preposición y contesta: “Definitivamente su música es emocional y puedes tener una reacción visceral cuando la escuchas. De hecho, tengo una manera para lidiar con mis propias emociones, y es hacer lo opuesto a cómo me siento realmente. Cuando estoy muy mal, intento crear algo opuesto, algo más bailable. Creo que este mecanismo me ayuda a no escribir música depresiva”.

Hace varios meses que yo no escuchaba Oh No, justo porque me recordaba ese momento de febrero y, a pesar de toda la tesis expuesta defendiendo al desamor, tampoco es bueno sentirse mal durante tanto tiempo. Pero con la oportunidad de ver nuevamente a Jessy Lanza en vivo en Nrmal Baja, bailar y cantarle a la tragedia sentimental, decidí desempolvar el disco y recordar; proyectar nuevamente esas imágenes en mi cabeza y sentir esas emociones en la sangre que, siendo honestos, no han desaparecido del todo… Tal vez sea el mismo caso para Jessy.

Pero antes de despedirnos, sólo faltaba una cosa que resolver.

Hay una canción en particular dentro de Oh No, en la que se nota a Jessy indecisa en mostrar sus sentimientos, pero es hasta cierto momento en el que se harta de esconderlo y lo escupe todo, sin importar las consecuencias. Este vaivén sentimental aparece en un track que apenas sobrepasa los dos minutos y consta de tan sólo un verso. Hasta el día de hoy, era difícil saber qué es lo que la canadiense dice exactamente en “New Ogi”, pero ella muy amablemente se ofrece en acabar con el misterio y recita la letra:

“Baby, you already know / “Cariño, ya lo sabes

Just look in my eyes and you see it / Sólo mírame a los ojos y lo verás

When you come around I’m in love for the night / Cuando tú apareces, me enamoro por una noche

Yeah, you come around I’m in love for tonight / Sí, cuando tú apareces me enamoro por esta noche

Can you believe it?” / ¿Puedes creerlo?”.

La maldición de ser emocional descrita en una frase.

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