Cuando la vida te da un martilloKate Tempest nos golpea con su primera novela

Londres, segunda década de siglo XXI. Una de las capitales de Occidente, una ciudad multicultural –voluntaria o involuntariamente-; un dínamo cultural funcionado aceleradamente y, sorprende, también que pueda comportarse como si fuera un pueblo: el barrio es hogar y destino. En el debut novelístico de esta joven figura del spoken word y el hip hop británicos South London lo domina todo y así lo deja ver una de sus protagonistas: “La idea de abandonar el sur de Londres; a su familia; Honeyjar, el local caribeño de comida para llevar donde va los viernes a recoger su pescado al vapor; el muro de delante de su casa donde todos los viejos se juntan por las tardes, vestidos con sus túnicas y gorros, a hablar en un árabe melodioso. Sus amigos. Sus calles, sus avenidas, sus callejones… su mente está desgarrada por la culpa y el terror”.

Y es que con los años se ha construido una compleja máquina social que funciona entre los tirones económicos, la corrupción funcional y las ganas de guardar las apariencias y aparentar que la familia –como estructura esencial- sobrevive pese a todos. Así las cosas, los chicos crecen entre padres ausentes, violencia callejera y colegial y el anhelo de resolver a velocidad luz las dificultades económicas; más un ánimo juerguista y atascado que se da por sentado.

Becky se acaba de licenciar en danza contemporánea y trabaja en el Pub de sus tíos para ganarse la vida. Más tarde sabremos que ahí se trafica cocaína. Mientras que para la familia de Harry, ella tiene un empleo muy conservador y normal, cuando en verdad desde adolescente se ha fincado, junto a su mejor amigo, un lucrativo negocio de venta de drogas al menudeo que les permite estar a punto de juntar un millón de libras antes de que las cosas se tuerzan rotundamente.

Becky está de novia con el hermano de Harry (que en realidad se llama Harriet) y ella siente una gran atracción por su cuñada que lo complica todo. Los protagonistas tienen 27 años y deben asumirse como jóvenes adultos, pero tienen que luchar encarnizadamente en contra de la falta de oportunidades, la crisis económica, el desempleo y un férreo esquema clasista ¡Vaya que el mundo entero se parece!

En la situación actual parece que ni siquiera la formación universitaria es garantía de éxito; de hecho, el hermano de Becky plantea con gran precisión todo el contexto: “¡He hecho de todo! He hecho chambitas en un hotel, he sido dependiente en una zapatería, he cortado jamón en la charcutería de un hipermercado, he trabajado en mensajería, he servido copas… Pero David, soy licenciado en Relaciones Internacionales, aunque parezca mentira. Pensaba que quería meterme en política, pero no sirve para nada. Para lo único que vale, y perdona la expresión, es para cagarse en todo. No tengo ni perspectivas, ni estabilidad. Ya no me queda ni confianza en mí mismo. No tengo un puto futuro laboral. Mírame voy  a cumplir los veintisiete, vivo en casa con mi padre. Estoy pelado. Estoy en el paro. Mucho me temo, David, que ésa es mi realidad”.

Cuando la vida te da un martillo (cuyo título procede de un refrán) transcurre como una novela costumbrista del Siglo XXI en la que existe una gran ansiedad por inyectar vida a las relaciones humanas y al enamoramiento. La situación muestra que todo está de la chingada y que hay escasísimas alternativas para la salvación. A fin de cuentas, todos claman y anhelan por un poco o un mucho de amor real. Tal pareciera que también nos encontramos dentro de una canción de The XX o James Blake, por poner ejemplos que no sean la música de Tempest.

El siguiente fragmento lo plasma a la perfección: “Se sienta sobre el suelo y se quita los calcetines de un tirón. Se levanta, toma su cerveza y mira las fotos pegadas a la pared. Fotografías de amigos que lleva años sin ver. Sentados juntos en un rave, sonriendo bajo sus capuchas. Chicos y chicas flacos de ojos oscuros, los rostros colmados del sonido de los bajos. Las chicas vestidas de colores fluorescentes; los chicos, de ropa holgada azul y negra. La cocaína da otra embestida en el espacio que tiene detrás de la frente. Un dolor súbito se le clava en el pecho. Se aprieta el corazón y respira hasta que se le pasa. ¿Sería más feliz sin ella? Se termina la cerveza, se acuesta bajo las sábanas sin lavarse los dientes. Cierra los ojos y contempla las formas cambiantes de su cerebro”.

Becky se dedica a dar masajes con final feliz, dado que la danza contemporánea no deja; entonces su novio -muerto de celos- le siembra un espía. Mientras tanto, Harry se ve implicada en una trampa durante una compra-venta de cocaína muy al estilo de las películas de Guy Ritchie y terminan robando un gran cargamento y mucho dinero. El resultante es que los afectados son los tíos de Becky, que exigen ser resarcidos. El asunto es que ambas se sienten traicionadas y deciden huir con el amigo de Harry, quien pronto se marcha a lavar dinero a Barcelona y las deja viviendo su pasión por varios rincones de Europa.

Pero la atracción del barrio es demasiado poderosa y tarde o temprano habrán de volver. A fin de cuentas, South London es su lugar en el mundo. El reto será encontrar la manera de solucionar la estela de fatalidades que han dejado atrás y con las que se darán de frente al regresar.

Se trata de una novela que refleja el inmenso talento que Kate, nacida en 1986, ya ha demostrado en sus tres poemarios y sus dos álbumes; no en vano Let Them Eat Chaos estuvo nominado al Mercury Prize de este año. Esta mujer también ha sido dramaturga, considerada una de las voces poéticas emergentes del Reino Unido y también hace vida universitaria. ¡Desborda talento a manos llenas!

Pero no es todo lo que Cuando la vida te da un martillo ofrece; la editorial Sexto Piso se ha propuesto una traducción a cargo de Daniel Ramos Sánchez que se aleja de esas versiones españolizadas que durante tantos años rigen el mercado. Así es que aparece como una coedición con la Universidad Veracruzana. ¡Un gran acierto por partida doble!

Londres. La vida a los 27. Personalidades apasionadas. Y una joven autora en plenitud de facultades. Lucía Lijtmaer en Babelia apunta: “Tempest es, en el escenario y fuera de él, una mezcla de trovadora, Janis Joplin y James Joyce. La gran esperanza del micro y las letras británicas”.

¿Qué están esperando? Salgan a conseguir el libro a como dé lugar.

 

Imagen: Editorial Sexto Piso

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