Por Toño Quintanar

Existe una enorme cantidad de cintas que pretenden hacer de lo grotesco una forma válida de expresión artística. Sin embargo, pocas producciones pueden ostentar dicho logro de una forma tan evidente y amplia como Taxidermia (2006); filme dirigido por el siempre estrambótico y poco convencional György Pálfi.

Esta cinta se encuentra dividida en tres historias familiares que se agrupan en: abuelo, padre e hijo.

El primer capítulo es una oda surrealista la cual, instalándose en los esplendores de un contexto militar, florece como una pieza de bizarra estética en la que el fetichismo, la masturbación y la piromanía se cruzan de manera intermitente. El personaje encargado de inaugurar este primer capítulo es Morosgoványi Vendel (Csaba Czene); un perturbado individuo quien, literalmente, eyacula fuego.

La segunda historia es un apartado donde la escatología y la morbidez se convierten en deporte. El protagonista de esta segunda historia es Balatony Kálmán (Gergely Trócsányi); un reconocido campeón dentro del bizarro deporte de las competencias de comida. Inclusive, existe un método para inducir el vómito que lleva su apellido.

La última parte es, como generalmente sucede, la más perturbadora. Marc Bischoff interpreta a un taxidermista de aspecto cadavérico cuya vida transita en medio de una áspera abstracción. La única persona con la que este dañado protagonista intercambia algún tipo de vínculo es su monstruoso (no es metáfora) padre; personaje a quien conocemos de la segunda parte de la cinta.

Conforme la locura se apodera de este individuo, somos testigos de sus cada vez más truculentas acciones; mismas que culminan en un horroroso ritual verdaderamente único dentro de la historia del Séptimo Arte.

Si lo que buscas es un proyecto que combine cine de arte con estilismo grotesco; debes de correr a ver Taxidermia. Independientemente de su contenido altamente transgresor, esta producción es un auténtico despliegue de sofisticación e inventiva audiovisual.

Sin embargo, muy pocos son capaces de disfrutarla; ya que su retorcida estética suele ser bastante agresiva para los estómagos sensibles. [m]

 

Gore: 6/10

Repulsión: 9/10

Escenas perturbadoras: 8/10

Escenas bizarras: 10/10