Por Jesús Chavarría

El intercambio creativo entre las distintas manifestaciones artísticas, es un proceso sano y enriquecedor, que en el caso de la relación de los cómics y los medios audiovisuales, puede ofrecer más allá de simples adaptaciones o ilustraciones de historias, reinventando conceptos y aprovechándolos en sus distintas posibilidades.

ALL NEW GHOST RIDER, UNA NUEVA Y MEJOR VENGANZA

Por donde se le vea, Ghost Rider es un personaje clásico de Marvel, encarnación para las viñetas de esa parte del espíritu de la década de los 70s -representado por las motocicletas y la música, al estilo la legendaria cinta Easy Rider-, que luego supo beber de los excesos visuales violentos de los cómics de los 90s. Sin embargo, este sujeto –regularmente es Johnny Blaze, ex acróbata motociclista-, que al ser poseído por el espíritu de la venganza se convierte en un implacable motociclista en llamas, pocas veces ha tenido tan excelentes momentos como en el caso de la reciente reinvención presentada dentro de la iniciativa All New Marvel. De entrada el protagonista es un desenfadado joven mecánico llamado Robbie Reyes, quien ahora se convierte en lo que bien podríamos llamar “Ghost Driver”, pues conduce un Dodge Charger 69, vehículo muy significativo para el cine y la TV estadounidense –se ha usado en series como los Dukes de Hazzard y la saga de Rápido y Furioso-, y está involucrado en el mundo de las carreras clandestinas con cierto aire a la película Rebelde sin Causa –protagonizada por James Dean en 1955-, teniendo como escenario la Ciudad de los Ángeles. Se trata de una explosiva mezcla de referencias, salpicada con la cultura latina y sus implicaciones sociales, que le sienta de maravilla al furioso personaje. Todo perpetrado con soltura por el artista Felipe Smith, quien de inicio se hizo cargo de los guiones y después también del trazo, entregando trepidantes escenas de acción propias del cómic americano, pero con mucho de la expresividad y colorido del anime. Genial que el protagonista ahora porte una máscara que pareciera hecha de partes de autos.

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GREEN HORNET, EL CÓMIC QUE TAMBIÉN DEBIÓ SER PELÍCULA

Kevin Smith, responsable de películas como Clerks, Clerks II y Dogma, se distingue por ser un cineasta capaz de convertir una anécdota, en un irreverente y entrañable retrato minimalista de la cotidianidad, con nostálgicos guiños a la adolescencia en el borde de la madurez, y embriagado de la cultura del entretenimiento. Por eso no es de extrañar que entendiera a la perfección un concepto como este y desarrollara una de las pocas obras que le hace justicia en el mundo de las viñetas. El vigilante tipo pulp, el contexto urbano, el entramado de secretos y traiciones, el aire clandestino que contrasta con ciertos rasgos camp, todos los ingredientes están ahí y son trasladados con acierto a una aventura contemporánea de superhéroes con muchas referencias pop. Lo mejor, es que la narración del trágico momento que da pie para que el manto del Green Hornet pase a la nueva generación, y el proceso que resulta del mismo, es el pretexto no sólo para desempolvar –a veces con humor, pues no todo se toma tan enserio- el auto Black Beauty –un Chrysler Imperial- y todos los célebres artefactos usados por el justiciero, sino para integrar elementos distintivos de la trayectoria del legendario actor que hiciera famoso a su compañero Kato, en la adaptación para TV de los 60s -el mismísimo Bruce Lee-, tales como el traje que usara en la producción de El Juego de la Muerte –y que luego Tarantino retomara para su Kill Bill-, o una escena sacada directamente de Operación Dragón. Hubiera sido una suerte para todos, si el guión de esta miniserie –publicada en Mexico bajo el sello Panini, en un indispensable TPB que incluye las diferentes portadas- hubiera llegado tal cual a la pantalla grande, en lugar de la lamentable producción que protagonizara Seth Rogen en 2011.

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QUANTUM & WOODY, LA PAREJA DISPAREJA DE VALIANT

Sin ser creados propiamente para el Universo Valiant –su primera aparición fue en 1997 bajo el sello Acclaim Cómics-, pero hoy totalmente instalados en él, Quantum and Woody trata de dos hermanos adoptivos con personalidades radicalmente opuestas, que accidentalmente adquieren superpoderes y como consecuencia, podrían morir si permanecen separados demasiado tiempo. Sin duda una premisa ideal para delinear a esta carismática “pareja dispareja” sumergida en aventuras de acción que se apuntan en la línea de las producciones denominadas como buddy Films –Juntos ante el peligro, Arma Mortal– y trasladar dicha fórmula al campo de las viñetas. Compartir un departamento de solteros, lidiar con el trabajo diario y la conquista de mujeres, mientras tienen que salvar al mundo enfrentando a villanos ridículamente malévolos, son algunos de los ingredientes de esta comedia de situación que a veces raya en el absurdo, sobre todo cuando aparecen criaturas aberrantes y cierta cabra ultrapoderosa. Destaca la participación del artista Tom Fowler –quien ha trabajado en títulos como Venom y Green Arrow-, cuyo trazo caricaturesco tiene cierto aire el estilo conocido como de “línea clara” –propio de las historietas de Tintín-, que le dota de una ligera irreverencia a las secuencias de uno de los cómics de superhéroes más peculiares y divertidos.

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