TXT: Toño Quintanar

IMAG: Napenthe

A pesar de que el género del cine animado es un fenómeno que a menudo suele relacionarse con un público infantil, no cabe duda de que esta plataforma se ha convertido en la herramienta favorita de una buena cantidad de directores quienes ven en las caricaturas en movimiento una poderosa oportunidad para plasmar los universos más inquietantes y desgarradores.

A pesar de que el fenómeno del cine animado para adultos se ha extendido de manera prominente a lo largo y ancho del mundo durante las últimas décadas, no cabe duda de que hay un pionero en específico quien se encargó e acrecentar de forma prominente las posibilidades de esta escuela artística.

Nos referimos, por supuesto, a Martin Rosen, director quien, durante los finales de la década de los setenta, hizo de la animación un auténtico receptáculo de tragedias, amarguras y afiladas reflexiones existenciales.

El primer contacto de Rosen con la dirección fílmica –anteriormente se había desempeñado como productor y director teatral- llegó de la mano de Watership Down (1978), inquietante adaptación de la novela de Richard Adams en la que un clan de conejos debe de luchar por sobrevivir en un sórdido mundo donde la muerte acecha en cada esquina.

Célebre por su violencia gráfica –la cual incluye batallas entre tiernos animalitos los cuales terminan transformados en ensangrentados bultos de carne-, esta cinta se destaca como una auténtica reflexión acerca de la fugacidad de la existencia física y de las vulnerabilidades que rigen a los seres vivos. Todo esto abordado a través de una narrativa de carácter místico donde la psicodelia se transforma en la herramienta ideal de la estética de carácter perturbador.

Cuatro año más tarde, el director de nacionalidad estadounidense regresaría a las andadas con otra cinta la cual, en eta ocasión, fungía como una mordaz crítica hacia los aberrantes escenarios que se desprenden de la experimentación con animales.

The Plague Dogs (1982) es una obra maestra la cual sitúa al espectador en medio de una historia la cual es capaz de sacarle un par de lágrimas hasta al más cínico.

Una pareja de perros escapa de un centro de experimentaciones y se abre camino hacia la libertad en medio de una cruel persecución que amenaza a cada momento con regresarlos a una existencia de pesadilla.

Uno de los elementos más estremecedores de este filme son las secuelas psicológicas y físicas que persisten en este par de protagonistas, mismas que son resultado directo de la falta de escrúpulos de una humanidad la cual no siente ningún tipo de respeto por la vida.

El desenlace de esta cinta es, por mucho, uno de los momentos más conmovedores y deprimentes que el Séptimo Arte nos ha regalado.

Si eres un entusiasta de ese cine animado el cual está concebido para estremecer las fibras más sensibles del público adulto, definitivamente no debes de perderte  la obra cultivada por Martin Rosen; un realizador quien nos recuerda el poder psicológico que se esconde detrás del mundo de los dibujos en movimiento.[m]

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