TXT:: Jaime Acosta

Sabía perfectamente desde hace mucho tiempo que cualquier día esto tenía que suceder. Golpeé la caja sobre mi palma y únicamente apareció una pastilla de clonazepam. Le había vendido mi última posesión a un tipo despeinado que se hacía llamar Sascha Ring. Aquel vinilo de edición limitada contenía tantas historias entrañables para mí, al desprenderme de él sentí que me habían sacado el corazón a mano limpia. Había ido directamente con mis proveedores, unos monos siameses que respondían a los complicados nombres de Sebastian Szary y Gernot Bronsert.

Logré convencerlos que me vendieran el paquete completo por un precio más bajo, me lo aventaron en la cara y me sacaron a patadas. Con una sensación extraña de ansiedad y éxtasis, puse la última píldora en mi boca mientras me encaminaba a esa tienda de vinilos donde podías tomar el disco que quisieras, meterte en un cubículo a prueba de ruido con tornamesa privada y disfrutar de una proyección de visuales que armaba un grupo de scouts apodados Pfadfinderei. Por supuesto que puse a girar la edición que había vendido unos minutos antes del III de Moderat. Utilizaría la misma técnica que cuando escuché el Moderat (BPitch Control, 2009) y el II (Monkeytown Records, 2013); tomaba mi pastilla, dejaba que la aguja descansara entre los surcos del vinilo y me concentraba en cada sonido, estructura, letra y ruido para poderlos sellar en mi memoria explícita.

Era la única forma vívida de traerlos en cualquier momento que los necesitara. Y vaya que los iba a necesitar mucho con la falta de pastillas. Siempre me habían elevado los bajos atascados de Modeselektor y las atmósferas finas de Apparat, pero cuando se filtraron a mis oídos esos cuatro cortes del EP Auf Kosten der Gesundheit (BPitch Control, 2003), donde se esbozaban los primeros coqueteos de lo que terminaría siendo su sonido distintivo, supe que el parásito Moderat había anidado en mi cabeza.

Tardé 6 años en confirmarlo. Su disco homónimo había salido bajo el sello de la reina del techno alemán Ellen Allien y había vendido mi televisor para poder ir al concierto de presentación. Esa intro de medio minuto en “New Error” que daba paso a una explosión sonora hipnótica terminó por infestar mi cerebro con sus larvas. Por cuatro años mis oídos consumieron ese disco y una serie de remezclas y reversiones del mismo. Hasta que una frase de “Bad Kingdom” se estrelló en mis tímpanos y definió el rumbo que tomaría mi existencia: “This is not what you wanted, not what you had in mind (Esto no es lo que querías, no es lo que tenías en mente)”. El II (Monkeytown Records, 2013) fue como el whisky que acompañaba a mi clonazepam. Lo repasé miles de veces en mi cabeza, en los audífonos con diferentes niveles de volumen, en espacios abiertos, en bares pequeños y festivales masivos; siempre empastillado. Ya era un adicto, un Moderat Junkie. Ahora me encontraba de frente a la puerta que me llevaría directamente a una exclusiva presentación del III (Monkeytown Records, 2016) en un sótano que se encontraba a dos casas del cuarto en donde sobrevivía. Ni siquiera tuve que detenerme a pensar en el aspecto que cargaba y si me iban a dejar entrar, simplemente comencé a bajar las escaleras.

Por 43 minutos me fui sumergiendo capa por capa en las texturas sonoras que ofrecía el trío alemán. Cada palabra que salía perfectamente estructurada de la boca de Apparat era transportada por secuencias que los Modeselektor moldeaban a su antojo. Un minimal techno pop que me llevaba hasta un estado de alucinación de donde nunca hubiera querido salir. Me susurraba al oído para engancharme y en el momento que era totalmente suyo, me gritaba en la cara haciéndome explotar. Perdí el sentido. No distinguía entre lo real y lo imaginario. El espacio se reducía. Se alargaba el tiempo. Un susurro ahora habla lo que las palabras solían decir. La noche se acerca. Estoy al fondo de este pozo.

(Escuche cada una de las palabras mientras lee todos los sonidos)

Moderat_III_Cover_Digital

  1. Eating Hooks

Una bolsa negra colgando en la ventana impide que la luz se cuele completamente. La alfombra quemada cubierta por cientos de colillas sofocadas apenas si deja espacio para colocar mi ser. Una caja de cartón desdoblada que me acompaña en todas mis noches de insomnio. Los toques decorativos en este diminuto cuarto la dan unos cadáveres de botellas baratas, envoltorios de Panditas y todos los paquetes vacíos de clonazepam en donde busco desesperadamente ahora. Recuerdo que mi madre solía darme dosis controladas desde que cumplí seis –decía que eran para salvarme de mí mismo y no terminar como mi padre. No queda nada por empeñar y sé que la locura me está seduciendo. Cierro los ojos. Pongo la mente en blanco. Mis chacras se abren. Trato de encontrar a mi animal de poder. Pero nunca aparece. Meditación. Medicación. Meditación. Medicación. Medicación. Medicación.

  1. Running

Tengo que salir corriendo antes de que el fuego me consuma por dentro. Los pasillos parecen no tener fin y las escaleras se multiplican a cada paso. Finalmente logró integrarme a la masa de gente que recorre las calles. Intento no perder detalle de lo que tratan de venderme los anuncios luminosos. No pierdo la esperanza que alguien se apiade al ver mi rostro descolocado y me dé unas cuantas monedas. Ahora puedo sentir como la sangre recorre cada centímetro de mis venas y erradica totalmente el clonazepam. Casi todos me empujan antes de siquiera poner un pie dentro de sus negocios y en los que consigo lograrlo pareciera que no comprenden el lenguaje que sale de mi boca. No sé la distancia que he recorrido. La ciudad ha quedado atrás. Los árboles escoltan mi camino. En algún punto explotaré. No me importa. Sigo corriendo.

  1. Finder

Una voz angelical y distorsionada comienza a llenar todo el lugar. El pasto se mueve al ritmo de un compás repetitivo, las piedras cambian de color constantemente y las copas de los árboles se disparan rayos luminosos entre ellas. Un tipo de transparencia inunda mi cuerpo y me obliga a detenerme por completo. Siento como si el alma se desprendiera lentamente fuera de mí. Entro en un plano de deconstrucción donde algo me decodifica física y espiritualmente. Ahora tengo enfrente un reflejo idéntico de mi ser. De entre los arbustos comienzan a salir todo tipo de criaturas animalescas que miran atentos a lo que está sucediendo. Algunos se acercan y dejan a nuestros pies –como una especie de ofrenda- algunas píldoras. Las tomo. Todas. Paz inmediata. Finalmente me he descubierto.

  • Ghostmother

Una luz que se proyecta desde el cielo sobre una enorme roca hace que todo se paralice. Entre múltiples chispas brillantes parece que algo se va materializando y descendiendo lentamente. Antes de llegar a posarse completamente sobre aquella piedra puedo distinguir una figura fantasmagórica de un blanco puro. Una cabra diminuta con barbas tupidas y cuernos retorcidos fija su mirada en mis pupilas esbozando una sonrisa chueca de complicidad. No abre siquiera la boca y su voz ya está haciendo eco en mis neuronas. “Finalmente después de miles de años nos reencontramos. Es momento de estar los tres en paz”. Todavía no termina de transmitir estas palabras cuando los restos de miedo que sobraban dentro de mí se esfuman completamente. No existe. Todo por ti. Fantasma. Cabra. Madre.

  1. Reminder

Lentamente me giro hasta encontrarme de frente con mi reflejo materializado. Sé que los dos podemos ver a través del cuerpo del otro directamente al alma. Noto que la suya está serena a diferencia de la turbulencia que inunda la mía. “Es la parte que siempre te faltó”. Se escucha el susurro de la cabra. Cada estructura de mi mente se va llenando de imágenes a gran velocidad hasta que una permanece en un ciclo infinito. -Mi idéntico y yo separados por un puente al que le prendo fuego para dejar todo atrás-. Siempre he sido la parte demoniaca y hasta ahora lo entiendo. Algún día había decidido alejarme de la luz. Ahora he logrado reencontrarla y tengo la oportunidad de completarme. Salvarme de mi mismo como decía Madre Cabra desde mi infancia. Estoy decidido. Ilumíname. Complétame.

 
  1. The Fool

Siente como todo el aire se va llenando de una suave esencia a lavanda. Bloquea todo lo que hay a tu alrededor y concéntrate en lo que sucede entre nosotros”. Escucho decir a mi parte lumínica mientras agita sus manos con un ritmo lento e hipnotizante con tal de que me acerque más a él. Sus globos oculares destilan una especie de bondad que jamás habría imaginado. Cuando respira sus pulmones parecen articular una tonta sonrisa agradecida. El tono de su voz es como el rocío que ataca a las flores todas las mañanas. En su alma se puede vislumbrar una maldita fuente de donde brotan olas de todos los malditos colores. El halo alrededor de su horrible cuerpo es tan jodidamente pacífico. Que reflejo tan degradante es este que proyecto. Estúpido. Me confundo. Lo odio.

 

  1. Intruder

Aprieto los párpados lo más fuerte que puedo para evitar que entre cualquier halo de luz por más pequeño que sea. He recorrido un largo y sinuoso camino para lograr codificar a la entidad que soy. Hurgo en mi consciencia hasta que comienzo a distinguir una especie de ruido cargado del lado izquierdo. Se trata de una voz distorsionada que repite incesantemente: “¿Recuerdas cuando nos recostábamos juntos a medianoche y jugábamos a ser mentirosos profesionales?” Una especie de plasma negra va invadiendo mi interior hasta cubrirlo completamente. Hace que me contorsione de maneras extrañas hasta que mi cascarón explota. Este es mi verdadero yo, me siento tan cómodo que mi lado luminoso se ha desvanecido totalmente. Exterminio necesario. Intruso eliminado. He triunfado.

 
  1. Animal Trails

Todas las criaturas animalescas presentes han comenzado a salir de sus escondites. Parecen ya no estar asustadas y han transformado su apariencia radicalmente. Esqueléticos mapaches, pandas hambrientos, escurridizas comadrejas y toda clase de alimañas mutantes. La Cabra Madre ha teñido su pelaje de un negro malvado y ahora su sonrisa es jodidamente tétrica. Solamente con un guiño hace que todos comiencen a reunirse en torno a mí. Se deshacen en reverencias y halagos hacia mi ahora animalesca humanidad. Soy una especie de ratón zombie gigante capaz de sostenerse en dos patas. “Todas las profecías se han cumplido. Es tiempo de que nos muestres el verdadero sendero animal”. Todo de golpe. Mente abierta. Chip integrado. Conozco el camino. EL camino.

 
  1. Ethereal

El ejército salvaje avanza a gran velocidad detrás de mí. Es una combinación bizarra entre la oscuridad de nuestro ser y el camino multicolor que vamos dejando a nuestro paso. Todo parece ir en cámara lenta, nuestras miradas fijas en aquella ciudad que es nuestro objetivo final. Donde habitan esos humanoides andróginos de estatura baja y mirada penetrante que siempre están ataviados con vestidos de color azul. Sabemos que para vencerlos no debemos mirar la señal del número tres que hacen con su diestra. Son demasiados pero tenemos clara nuestra estrategia. “Llénenlos con su aliento sin producir sonido alguno. Háganse pasar por viles criaturas mientras van reventando las burbujas de sus sueños.” Esa fue mi última frase antes del gran impacto. “Es tiempo de convertirnos sutilmente en lo que siempre habíamos deseado. Seres etéreos”.