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La semana pasada se viralizó, principalmente en Facebook, el caso de Ximena Gama y Sabú Avilés, en el cual distintas versiones aseguran que él abusó de ella a golpes de manera brutal. En pos de proponer un acercamiento positivo, más profundo que la noticia concreta que publicamos previamente para abordar este tema, a continuación trataré de tocar más aspectos involucrados:

Ximena Gama es modelo, diseñadora, organiza eventos y ex-pareja sentimental de Sabú Avilés, guitarrista de Los Infierno y Los Explosivos. Al tratarse de personalidades del entretenimiento local, los medios afines, principalmente en sus salidas digitales, hemos tardado en reaccionar como sucede, en cambio, con los casos de celebridades mucho más populares -por motivos que cada uno podrá comentar si se consulta-. En nuestro caso puntual, intentamos mantenernos prudentes ante el sensacionalismo que el caso atrajo.

Por su parte, la reacción entre l@s participantes de la conversación vía Facebook (más inmediata por la naturaleza del medio) comprende a l@s que se han sensibilizado y solidarizado con el caso (ya sea con Ximena o Sabú), l@s que comparten por reflejo la información que haya a mano (confirmada o no), l@s que tratan de reaccionar positivamente denunciando la alerta de violencia de género, l@s infaltables trolls, l@s que se están tomando el caso de manera más allá de lo personal (pero naturalmente sólo en Facebook), l@s furios@s hambrient@s de linchamientos públicos, l@s activistas de mouse, l@s activistas en general… cada uno aportando un poco de confusión a los hechos, a los posibles hechos, a los supuestos hechos, a las reacciones adecuadas, a las irracionales, etc.

En este caso de violencia de género, no dejó de asomarse la postura feminista de manera firme; en casos de manera constructiva, en otros, de manera distractoria. En abril de 2014, Rodolfo Zapata entrevista a Gabriela Damián para Marvin, acerca del “hembrismo, el feminismo y las feminazis”, empezando por definir el feminismo.

Gabriela: Creo que [el feminismo] es lo mismo que fue desde un principio: abogar por la equidad entre mujeres y hombres, deshacernos de los roles que a unos y a otras nos hacen daño, construir unos nuevos y luchar por los derechos de las mujeres. La ventaja hoy en día, es poder luchar por los derechos de las mujeres con ciertos aspectos de individualidad. Por ejemplo, usar ropa femenina, manifestar aprecio por las cosas ‘de mujeres’, como el maquillaje o la cocina, sin que implique traicionar la ideología. […] Las hembristas [equivalente femenino de los machistas] tienen problemas que van más allá del feminismo, son síntoma de una cultura violenta que valida el bullying y el desahogo agresivo como formas válidas de ‘la libertad de expresión’. Tanto a ellas como a los machos aguerridos que amenazan a las mujeres de la misma forma, hay que pararles el carro en cuanto empiecen con la violencia, expresar nuestro desacuerdo y recordarles que no pueden respaldarse en una ideología que no considera aceptable su conducta, y que sobre todo, no se gana ningún derecho odiando al otro género, sólo se pierden posibilidades de construcción.

En cuanto al machismo de las redes sociales (que también está patente allí), recomienda: Creo que el “no alimente al troll” no funciona, porque al final es el troll machín el que gana, y las mujeres siguen quedándose calladas o cuidándose las espaldas en todo momento, y así las cosas nunca van a cambiar. Lo que funciona es hacer una contrapropuesta y expresar nuestra opinión. Generar, por ejemplo, hashtags positivos, usar los mecanismos de denuncia que cada espacio tiene y también hacer público si son útiles o no. Lo que le pasó a Anita Sarkeesian es un ejemplo del odio en las redes, y de cómo hay que tomar medidas más drásticas para controlarlo.

Acerca de las mujeres que también caen en comportamientos machistas (conducta que igualmente asomó en FB): [Debemos] hacerles notar que la creencia de que somos enemigas ha sido la mejor estrategia para mantenernos separadas y no creer que la lucha de un grupo es para beneficio de todas. Por ese distanciamiento las otras se ven como las ‘locas’, las ‘furiosas’, cuando en realidad disfrutaremos después de lo que se consiga. Hacerles ver que la maledicencia no es necesaria, que tenemos algo en común por lo que vale la pena mantenernos juntas y no meternos el pie las unas a las otras.

Aún cuando en Facebook, la noticia ya se vistió de tintes sensacionalistas, necesitamos sobrepasarlos y hacer comunidad ante el problema de la violencia de género para tratar en lo posible de erradicarlo.

Así, la primera publicación que reaccionó a este revuelo, parece ser la de Erich E. González, de PLOP Radio, extendiendo un mensaje lo más balanceado hacia el periodismo sin sensacionalismo y la sensibilización al gran problema de la violencia de género (“No es de mi interés hacer de PLOP Radio un espacio clickbait y mucho menos abierto a chismes y problemas personales de la gente. Sin embargo, Ximena Gama y Yumi Chávez hicieron pública una situación que sí, a todos nos concierne porque México no es un país de feminicidios aislados, es un problema de grandes proporciones donde un golpe, una agresión, puede y en varias ocasiones ha sido el primer paso a cosas mucho peores”).

En distintos momentos (y orden) fueron apareciendo otras publicaciones: de Francisco Trejo Corona, de Tercera Vía, complementando la nota de PLOP Radio con una entrevista que toca otra arista del caso (“… Anteriormente [Sabú] estuvo casado con Gema, una mujer radicada en Aguascalientes que también sufrió abuso por parte del músico, pero también pasó la burla de las autoridades machistas y el escarnio de una sociedad que defendió a su agresor.“); de Elionaz, de Digger (“La violencia de género es algo real para quien lo duda todavía y está más cerca de lo que pensamos, todos podemos hacer algo al respecto y la educación es parte fundamental para erradicar este problema.”); del staff de Noisey (“Nos sumamos a replicar la denuncia en contra de Sabú Avilés, por presuntos actos de violencia doméstica.”); de Mireya González, Buzzfeed (“Esta denuncia sobre violencia de género no debe ser ignorada.”), de Raquel Miserachi, de Univisión Noticias (“La banda mexicana de rock Los Infierno ha expulsado a su guitarrista Sabú Avilés tras ser denunciado por su ex-esposa, la modelo Ximena Gamma, por violencia doméstica.”)… Cada medio documentó el caso en lo posible, con las imágenes que alcanzó a cazar de la red social, unos más explícitos, unos menos, pero todos repudiando el caso.

Con el testimonio de Los Infierno capturado en la nota de Miserachi, finalmente podríamos tratar de separar el aspecto de la “celebridad impune” y dejar de responsabilizar al protagonista músico por ser músico, al guitarrista de rock presuntamente (o manifiestamente) abusador por ser persona pública, y empezar a acercarnos de una manera más panorámica al problema de la violencia de género.

Ante el hervidero de opiniones en la red social, solicitamos una opinión a nuestra colaboradora, periodista y activista, Andrea Solís, quien en su respuesta aborda distintos aspectos del que ya es un fenómeno de redes, en el círculo musical, entre periodistas, en la respuesta de la sociedad y más (“Es cierto que aún quedan cabos sueltos en términos de investigación periodística, pero la falta de documentos peritales no demerita un testimonio directo, el cual es clave en toda investigación judicial y en la misma investigación periodística y mucho menos significa que como periodistas no tengamos nada de qué hablar, es a través de la discusión, la conversación, la crítica y ejerciendo presión pública y mediática desde todos los frentes posibles, que un día como sociedad podremos mirar al pasado y decirnos -Así fue como erradicamos la violencia de género-.”).

Para abrir y afinar el espectro; para acordar en lo que tenemos sobre la mesa, La Organización Mundial de la Salud define la violencia de género como “El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. Su elemento definitorio es la fuerza e incluye todo acto de poder y control del más fuerte sobre el más débil. Afecta a todas las razas, edades, religiones y niveles socioeconómicos”.

Para definir un caso de violencia de género, hay que contemplar:

a. que tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio que la mujer, y que comprende, entre otros, violación, maltrato y abuso sexual.

b. que tenga lugar en la comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que comprende, entre otros, violación, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, así como en instituciones educativas, establecimientos de salud o cualquier otro lugar.

c. que sea perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes, donde quiera que ocurra.

Sus características incluyen:

1.- Invisibilidad: Producto de pautas culturales que priman a nuestra sociedad entre estos casos está la violencia intrafamiliar o de pareja y abusos sexuales de conocidos, familiares o desconocidos. Además de la marginación de la persona por parte de la sociedad misma,  incluso por parte de las autoridades.

2.- La “normalidad”: Cuando la violencia es continua se llega a un punto en donde la agresión es justificada o normalizada viéndose como una autorización para realizar las violaciones a los derechos y la integridad de la mujer.

3.- La impunidad: La impunidad de la violencia que se da entre las parejas es justificada como “natural” o como “asunto privado”, no es juzgada como violación a ningún derecho y, por lo tanto, no es sancionable

La violencia en sí, adopta además formas diversas como el abuso conyugal, maltrato hacia menores y ancianos, abuso sexual, maltrato a los padres por parte de hijos, violencia entre hermanos, violencia en las calles, en las escuelas, en redes sociales, etc. Estadísticamente las mujeres y los menores son los grupos más susceptibles a recibir violencia, aunque también los hombres son objeto de violencia; esto no es tan frecuente como el abuso del hombre hacia la mujer definiendo esto como violencia de género.

En el terreno de la estadística (ese factor que uniforma todo y atomiza la euforia de los sucesos individuales), encontramos que un promedio de 63 de cada 100 mujeres en México, mayores de 15 años, ha padecido distintos tipos de violencia, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada por el INEGI en 2011. Cinco años después, la cifra no ha mejorado.

A causa de los feminicidios en Ciudad Juárez se estableció en el país un mecanismo legal para declarar alertas de género. La primera de ellas se activó en Guanajuato en 2014 debido a las altas tasas de abortos ilegales y violencia doméstica. La segunda alerta de género fue declarada a mediados de 2015 en 11 municipios del Estado de México por el alto número de crímenes de odio contra las mujeres. Se ha estimado, mediante encuestas, que en México una violación sexual ocurre aproximadamente cada 4.6 minutos –aproximadamente 120 mil violaciones al año. El 65% de las violaciones ocurren en contra de niñas y mujeres de entre 10 y 20 años y el 13.7% contra niñas menores de 10 años. El 70% de las violaciones suceden dentro del mismo contexto social y familiar de las víctimas. El reporte de 2015 de la ONU registra en México niveles altísimos en todas las formas de violencia sexual, desde la violencia verbal hasta la violación. Sin importar si el perpetrador fue su pareja o alguien más, el 38.9% de todas las mujeres mexicanas reportó haber padecido alguna forma de violencia sexual al menos una vez en su vida, y el 20.8% de esas mujeres padeció alguna forma de violencia sexual en los últimos doce meses. Se apunta que cuando se habla de violencia hacia las mujeres, cada caso es diferente. En muchos, la víctima empieza a ceder en muchos ámbitos de su vida cotidiana y, ya inmersa en el terror, por vergüenza y miedo no se atreve a escapar o pedir ayuda.

Es importante aproximarse a los datos estadísticos sobre violencia para tener una perspectiva de la magnitud del problema y encontrar la mejor forma de atacarlo, tanto desde la silla legal como desde la civil. Para esto, por el momento contamos con dos métodos: Los registros administrativos y las encuestas (Fuente: Instituto Nacional de las Mujeres, extractos).

  • Registros administrativos:

Es importante tener presente que la contabilización en registros administrativos se realiza solamente con la información de aquellas mujeres víctimas de violencia que solicitaron atención en algún servicio (médico, de procuración de justicia, legal, etcétera), y aunque parezca obvio, de este modo no es posible contabilizar a quienes siendo víctimas, no acudieron a solicitarla. Esta situación puede abordarse cuando la gente cercana a la víctima tiene la oportunidad de interceder, sin dejar de ser una acción delicada y sujeta a otras voluntades (como la de la víctima misma, en casos).

Abundando en el protocolo administrativo de casos de violencia de género, la atención a las víctimas de violencia se ofrece en diferentes instituciones a través de servicios generales o especializados, o en colaboración con organizaciones de la sociedad civil.

En cada entidad federativa varían las instancias de atención, por lo que, para conocer el número exacto de asuntos atendidos es necesario hacer una indagación directa en cada entidad […].

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV) contempla, como parte del proceso de atención a las mujeres víctimas de violencia, la creación de un Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres, a cargo de la Secretaria de Seguridad Pública, que tiene como Objetivo General: “Proporcionar y administrar la información procesada de las instancias involucradas en la atención, prevención, sanción y erradicación de la violencia de género, con el fin de instrumentar políticas públicas desde la perspectiva de género y de derechos humanos de las mujeres” […].

  • Encuestas

Para conocer la incidencia del fenómeno de la violencia contra las mujeres en México, contamos con una aproximación bastante certera: las encuestas. Estas proporcionan una estimación confiable de la ocurrencia de los eventos cuando no se cuenta con un registro puntual de ellos. Para conocer y analizar información sobre violencia de todos los tipos contra la mujer, a nivel nacional y por entidad federativa, la mejor aproximación es la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2006.

Esta encuesta nos permite un acercamiento a los distintos tipos de violencia contra las mujeres mayores de 15 años -emocional, económica, física y sexual-, y a sus componentes. Adicionalmente nos ofrece datos sobre su ocurrencia en diversos ámbitos: de pareja, escolar, laboral y comunitario. Así mismo, indaga sobre las características de las mujeres que han sido víctimas de violencia y las consecuencias derivadas de estos actos […].

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Como comunidad y al ser este gran esfuerzo insuficiente, debemos sentirnos obligados a hacer uso de estos métodos, proponer mejoras, adiciones, unificarnos como aparato social/civil de ayuda, antes que mantenernos como opinólogos virtuales, cómodos espectadores. Apagar la computadora y salir a la calle a hacer sociedad social.

En atención a esta obligación y a partir de las herramientas a nuestro alcance, en Marvin refrendamos nuestra postura abierta y voluntaria como tribuna para la construcción positiva, a la que invitamos a nuestros lectores a ser protagonistas activos. Aprovechar este espacio para difundir ideas e iniciativas objetivas que nos estrechen como sociedad. Invitamos además, a los colegas a salir a la calle a hacer investigación y periodismo fidedigno, confiable. Acabar con el repost, porque somos una de las herramientas de la que los lectores se van a valer para hacer sociedad.