TXT :: Sebastián Franco

Sinónimo de sustancias psicoactivas, alucinaciones y una interminable euforia, la música psicodélica siempre se ha encontrado en tela de juicio: desde los interminables jams de un joven Pink Floyd, pasando por Ravi Shankar, hasta llegar a piezas de vanguardia de Terry Riley (Shri Camel por ejemplo); la música psicodélica siempre se ha catalogado como una especie de vanguardia nacida en los sesenta, y que a la par, las drogas han sido su estandarte. Sin embargo la psicodelia se ha mantenido como una manifestación conceptual que va más allá de la ingesta de sustancias, y la influencia que puedan causar en el proceso creativo.

 

Si bien es cierto, uno de los factores principales que gestaron este movimiento fue un proceso contracultural (drogas, liberación sexual, expansión de conciencia, guerras, etc…) que nunca se podría considerar o resolver como un sonido específico, y en tiempos modernos, mucho menos; la influencias de diversos mundos sonoros e ideologías han hecho de las bandas contemporáneas etiquetadas como “psicodélicas” una amalgama inquebrantable, donde cada una forma un mundo muy particular, un estilo y una visión sonora poco visto dentro de una vasta escena.

Ejemplo hay un sinfín, esfuerzos multitudinarios como los festivales psicodélicos, guardando la vieja usanza –y adaptados a la modernidad– como el caso del Liverpool Psychedelia Festival, el Raw Power de Londres, o Levitation en Austin (y sus consecuentes sedes) donde se han aglomerado una gran cantidad de proyectos/bandas con una visión similar pero que sonoramente en ocasiones son un tanto dispares.

 

Pero esta visión ha cruzado océanos, no solo en USA, el caso de Reino Unido es una ejemplo especial, bandas jóvenes como Gnod, Hey Colossus, Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs, por mencionar algunas, han desplegado un sonido agresivo y que está en una constante efervescencia, lo que los ha llevado a generar una especie de culto dentro de la misma escena.

 

Nichos hay muchísimos, como el del este de Europa; un ejemplo ideal es Faust (la legendaria banda de krautrock) quienes han mutado en una interpretación primitiva y en casos hasta corrosiva, para llevar a la veterana banda a conformar por planicies nuevas y afianzar un sonido mucho más oscuro e intrínseco. Father Murphy o Tomaga son otro ejemplo, que han combinado una herencia más oscura y de pasajes experimentales, que sigue una línea de abrupta de repeticiones, y estados de ánimo abismales que sumergen al escucha en una especie de plano íntimo.


Kikagaku Moyo, Lorelle Meets The Obsolete, Black Bombaim, White Hills, Heron Oblivion, entre muchísimas otras más, han conformado una escena rica en texturas, y patrones sonoros cíclicos, que de un momento a otra desencadenan en una explosión abrasiva e introspectiva. El panorama psicodélico actual no tiene fin alguno, y como se puede apreciar se encuentra en ebullición constante con nuevos sellos discográficos, festivales, y proyectos aún más interesantes que nacen cada año.

Las drogas y la constante búsqueda de conciencia quedaron atrás; y sumergirse de manera natural en la música -la exploración latente con otros mundos-, se ha convertido en una constante que ha hecho crecer a este movimiento y lo hace todavía más interesante.

Aun así no queda más que esperar con ansias, un crecimiento inminente y abrumador dentro de una visión que por sí sola es interesante y envolvente, y que sola, sin ayuda, formará más nichos en todo el mundo: una especie de culto para avanzar en común con una visión musical encaminada a la introspección.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here