TXT: Toño Quintanar

Existen clásicos populares que nunca se olvidan, fenómenos audiovisuales de Internet los cuales, debido a su poderoso y críptico contenido, se han transformado en auténticas leyendas urbanas alrededor de las cuales giran múltiples teorías y cuestionamientos.

Uno de los ejemplos más incontrovertibles de dicho fenómeno es la de culto Salad Fingers, colección de cortometrajes animados creados por el realizador David Firth en 2010.

Este proyecto nos introduce en una serie de circunstancias plenamente inquietantes las cuales son protagonizadas por un perturbador hombrecillo de piel verde quien se desenvuelve en un ambiente plenamente surrealista donde la soledad y el terror son los principales ingredientes.

El absurdo, la psicodelia y el horror en estado puro pronto se funden con el fin de llevar al espectador por un inquietante recorrido el cual pone a prueba los límites de su comodidad psicológica.

Independientemente del desarrollo absolutamente disparatado sobre el que germinan cada uno de los acontecimientos correspondientes al show, no cabe duda de que su repertorio simbólico ostenta una serie de rasgos los cuales nos remiten a alguno de los trastornos psicológicos más desgarradores que la psique humana es capaz de registrar.

Malestares como la depresión –el protagonista acostumbra charlar con objeto inanimados- y la esquizofrenia se ven abordados a través de un humorismo negro el cual esconde en sus entramados una serie de dolorosas referencias a las condiciones humanas más tristes. Situación a la que se suma la aparición fugaz de una serie de personajes quienes van desde lo bizarro hasta lo plenamente espeluznante.

Si aún no has disfrutado de Salad Fingers, ¿qué estás esperando? Un auténtico clásico del Internet que no te puedes perder. Y, si ya la has visto, aprovecha para sumergirte en su bizarro mundo una vez más.

 

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