La sinestesia se define como la capacidad de algunas personas (uno entre cien) de percibir con diferentes sentidos un mismo estímulo. Es la cualidad, por ejemplo, de oler los colores, escuchar el tacto, tocar los sabores o ver los sonidos y sus diferentes viceversas combinados. En el mundo del arte encontramos sinestésicos que han basado su obra en esta extraña capacidad, como Vasili Kandinsky, Charles Baudelaire o Vladimir Nabokov; en la música han existido sinestésicos como Alexander Scriabin, Nikolai Rimsky-Korsakov y Oliver Messiaen.

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Alexander Nikolayevich Scriabin, compositor ruso (1872-1915) creó Prometeo con esta habilidad: “El Poema de Fuego (Sinfonía No. 5)”, nació con la intención de que el público se embarcara en sus propias experiencias sensoriales. En esta obra, Scriabin añadió piano, coros y un instrumento de su propia invención, el “Clavier á lumière”,  un especie de teclado en el que cada nota proyectaría un haz de luz de color correspondiente a la escala cromática visualizada por el: Do rojo brillante, Re amarillo, Mi azulado, Fa rojo oscuro, Sol naranja, La verde y Si azul oscuro, los medios tonos incluidos cada uno con su color particular.

Para su estreno el público debía acudir vestido de blanco para darle un mayor realce a las proyecciones de color del quizá primer espectáculo multimedia de la historia.

La música es altamente disonante, y se basa en diversas permutaciones del “acorde místico” de Scriabin, que había pertenecido años atrás a diversos círculos teosóficos en Bruselas donde compuso la obra. El “acorde místico” también conocido como acorde sintético, mágico o acorde Prometeo, es una de las grandes invenciones armónico-tímbricas de Scriabin y se basa en la superposición de intervalos de cuarta. Dura aproximadamente 20 minutos.

Scriabin pensaba que al fusionar música y color se produciría según sus propias palabras “un poderoso resonador psicológico en el oyente”. Aunque la obra se estrenó en 1911 en Moscú, los limitados y precarios recursos tecnológicos de la época en los sistemas de iluminación, imposibilitaron la fabricación de dicho instrumento, no fue sino hasta 1915, para su estreno en Nueva York poco después de la muerte de Scriabin cuando se introdujo un proyector que lanzaba el haz de luz hacia una pantalla blanca frente al director. Nada que ver con lo imaginado por Scriabin.

Andrés Sánchez-Juárez estudió Arqueología en la ENAH. Fue locutor en Radioactivo de 2001 a 2004 con el programa “LP” (el último programa de la estación el 4 de abril de 2004 fue el suyo); locutor y conductor de “El Visisonor” en Ibero 90.9 del 2005 a la fecha. Colaborador en el periódico El Universal con las columnas “La Pared” y “Territorio Sonoro”, colaborador en la revista Farenheit, un par de publicaciones en El Fanzine, y por varios años en la revista Marvin.
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