Sonideras mexicanas por Claudia Aguilar

El siguiente texto está inspirado en Apariciones Marianas del artista visual mexicano Benito Salazar Guillén, libro que a través de una serie de entrevistas con sonideras del país visibiliza el oficio de éstas y explica las complicaciones sociales que enfrentan. La obra se publicó en 2016. Fue la pieza final de Loma del Viento incluída en la exposición Un mundo común, presentada en el Ex Teresa Arte Actual.

Cuando la música y la voz de estas mujeres comenzó a sonar con mayor frecuencia en fiestas y eventos masivos hubo quienes saltaron, en especial los hombres sonideros, pues desde que inició el movimiento (en los años cincuenta, aproximadamente), fueron ellos quienes lo protagonizaron. “¡Vete a cocinar!”, “¡Vete con tu marido!”, “¡Vete a hacer el quehacer!”, les gritaban a algunas en sus presentaciones que ya iniciaban desde mediados de los sesenta. Los chiflidos venían del público y también de otros sonideros con los que compartían cartel. Por si el machismo no fuera suficiente, las mujeres tuvieron que enfrentarse a otras dificultades como la exclusión del movimiento.

El mundo del sonidero a lo largo de su existencia ha sido marginado. Se desarrolló dentro de vecindades y, tras convertirse en una forma de celebración popular, se extendió a las calles.Tuvo su “época dorada”, sin embargo, lo prohibieron a finales de la década de los cincuenta cuando las autoridades del Distrito Federal retiraron los permisos para organizar al aire libre los bailes ambientados por sonideros —la ciudad estaba en plena etapa de modernización y al entonces “Regente de Hierro” no le gustaba eso del disfrute máximo en público—. Los sonideros no pararon, todo lo contrario: continuaron, aunque en zonas conurbadas.

Hoy en día, llegan a diferentes zonas dentro y fuera de la Ciudad de México, muchas en las que imperan los asaltos a transeúntes, robos de automóviles, secuestros, homicidios y donde proliferan los feminicidios, como en el municipio de Ecatepec. “Dicha situación de inseguridad y violencia se sumó a la problemática social que enmarca al movimiento y la cual las sonideras tienen que encarar”, explica en entrevista Benito Salazar Guillén, artista visual mexicano y autor de Apariciones Marianas.

No, no la han tenido (y siguen sin tenerla) fácil: en ocasiones sus tocadas son boicoteadas, y sus nombres son excluidos de la publicidad de eventos. Pero las sonideras no tiran la toalla, bueno… el micrófono. Ellas siguen dentro de las cabinas mandando saludos y poniendo sets de canciones dance, disco, high energy, también salsas (románticas y bravas) y cumbias (normalitas o editadas) desde la “Cumbia Barulera” hasta “La Ruana”, porque lo que quieren es gozar, gozar de la música que tanto las apasiona y con la que hacen bailar a “su gente”, ya sea de los clubs de baile o los curiosos que asoman por primera vez.

 

Los sonideros de mujeres: ritmos, estilos y más

Cuando Benito Salazar publicó Apariciones Marianas buscó ir más allá de la imaginería y todo el concepto alrededor del sonidero (la fiesta y los gráficos). Él tenía muy claro su objetivo respecto a las mujeres que se dedican a ello: “contribuir en su necesidad de visibilidad, en un mundo donde quienes ejercen su oficio son casi totalmente hombres”. En el ambiente sonidero existen directorios como el Arellanes. En los publicados hay alrededor de 300 nombres, casi todos de hombres. Las mujeres que aparecen sólo son tres: Lupita “La Cigarrita”, “La Morena” y “Batichica”.

Actualmente las mujeres que se dedican al sonidero —remarca Salazar— son más, mucho más, de este porcentaje. Debe haber más de ocho mil sonideros en todo el país. Abarcan, por ejemplo, Tlaxcala, Puebla, Hidalgo, Guanajuato,Toluca, Monterrey, San Luis Potosí. Y de estos ocho mil, son aproximadamente 48 las chicas sonideras. Son más que las del directorio, aunque no representan todavía ni el 1%”.

Siguiendo con este interés de dar a conocer el oficio de las mujeres sonideras, Benito nos presentó a cinco mujeres del movimiento —unas aparecen ya en su libro, otras no— para que nos contarán sobre los ritmos que utilizan en sus eventos, sus frases y estilos que han hecho retumbar los oídos de quienes las escuchan:

 

Lupita “La Cigarrita” / Sonido Radio Voz

Su primera presentación fue con Sonido Caribali, en un aniversario de la Ramos Millán. El mero mero, o sea Caribali, la invitó a cabinear. Desde su lanzamiento oficial en 2002, ella ha tropezado con muchas piedras (ajá, por ser mujer), pero se ha levantado, no para quitarlas sino para hacerlas bailar. Si algo posee Lupita “La Cigarrita” es ritmo, por eso se volvió sonidera. “Tengo el sabor y se lo transmito a la gente. Yo hago bailar a una piedra”, dice bien segura.

Lupita es fan del ritmo llamado descarga. “Es un ritmo en el que suena piano, tambores; te hace bailar mucho. Las personas que son de clubs y saben bailar, este ritmo lo manejan muy bien”, aclara. En sus eventos nunca faltan: primero empieza con una cumbia, luego se sigue con una salsa,una descarga y una matancera. Y si está bueno el ambiente se avienta un Sonido Montuno para los clubs de baile. Todo esto lo va combinando con su famoso grito que dice “¡Riiiiiico!”.

Si alguien va a un evento mío —afirma Lupita — va garantizado que los voy hacer bailar y gozar. Yo nací en la colonia 20 de noviembre, pero lo que he hecho como sonidera ha sido en Tepito. Siempre digo que: Yo no soy de Tepito, Tepito es mío”.

 

Erika Yesenia Gómora / Sonido La Chikis Salsera

Lo sonidera no se me quita, ¿sabes por qué? Porque todo el día ando escuchando música. En las mañanas hago mi quehacer y estudio mi música, veo cuáles son las canciones que más me gustan y las voy subrayando. No sé cómo le hacemos, pero [las sonideras] hacemos todo esto”, relata la “Chikis”.

Ella comenzó como locutora en un evento para ambientar una fiesta de XV años. El sonido era de su esposo, La Libertad de Guillermo Olivares. “Mi viejo me ha apoyado desde el principio como integrante de una asociación de sonideros y como sonidera” —dice contenta “la Chikis” —.Fue el que me dijo que si quería locutear tenía primero que estudiar para hacerlo bien. Me mandó a hacer una chamarra con el nombre de mi sonidero, luego los spots, esos que dicen “La, la, la, la Chikis Salsera”. ¡Imagínate!”.

Como la mayoría, ella ha sufrido de malas jugadas de algunos colegas, pero sigue haciendo su trabajo bien porque al final los buenos comentarios la animan. A la “Chikis” si algo le gusta es ambientar y cotorrear con la gente, precisamente esto fue lo que la motivó hace cuatro años, más o menos, a ser sonidera. De aquí que su frase sea: “Vamos a bailar con el ritmo y el sabor de tu amiga La Chikis Salsera“. Su sonido que viene de Iztapalapa se distingue por darle gusto a la gente. Ella en sus eventos pone de todo: guaracha, salsa, cumbia, lo que pida el público.

 

Jaqueline / Sonido La Dama

La idea del sonido nació en 1998 durante una reunión de sonideros que fue a la Asamblea Legislativa a pedir que no se quitaran los permisos para las “tardeadas”. Sonido La Rumba la bautizó. Ya con el nombre y el apoyo de Víctor Hernández de Sonido Leo (uno de los pioneros del movimiento) Jaqueline comenzó a presentarse.

A ella le gusta la salsa, ya sea brava (es más rápida) o romántica. En sus eventos los ritmos que pone dependen mucho del lugar. Le gusta observar primero el espacio al que llega, luego pone desde una salsa hasta una cumbia. Lo que vaya bailando más la gente es con lo que se sigue, eso sí, intercambiando con otros ritmos y sus frases: “Presencia y calidad”, “La voz de la sensualidad” y “La música hecha mujer”.

Para “La Dama” lo mejor de ser sonidera es poder darle alegría y satisfacción a la gente. “Siempre he logrado el objetivo que es hacer bailar al público”, remarca orgullosa. Su sonido es de la zona norte y cuando no está en él, trabaja en el Gobierno o haciendo labor social. Es un estuche de monerías.

Johana Berenice Herrera / Sonido La Reina Fuentes

El nombre de “la Reina Fuentes” viene de su gusto por la música del sello Fuentes que son discos colombianos. Ella trabaja mucho con vinilos y fue así, luego de trabajar como DJ y ver que casi nadie ponía el tipo de música que manejaba, que en el 2012 se animó a hacer la chamba completa de sonidera: cargar, conectar el audio, ser DJ, hacer la voz, armar el set. “No tengo familia dentro del mundo sonidero, yo lo hice todo sola. Y es algo muy satisfactorio para mí: no necesité de un apellido para ganarme mi lugar”, aclara.

A “la Reina” le gusta la música centroamericana, también la de Cuba y Puerto Rico, la cual lleva a sus eventos. “Mi trabajo es muy diferente al de las demás —explica —. Mi estilo no es comercial, es más retro: como coleccionista de vinilos, presento música poco conocida y en su formato original”.

Para ella es lo máximo ser sonidera. “Me permite trabajar en algo que me gusta, en algo que a mí me llena, me hace feliz, me hace sentir completa. Poder expresarle a la gente lo que siento a través de la música y que voy aprendiendo con los años”, comenta.

A los eventos de “la Reina Fuentes” se va a escuchar ritmos completamente distintos que ni siquiera salen en la radio. Ella se da a la tarea de buscar y buscar música bailable y diferente.Porque de esto se trata el “sabor de Iztapalapamex”.

 

Odete Rodríguez / Sonido Lunática

Originaria de Puebla, Odet entró al mundo sonidero hace cuatro años luego de que un tío que sí se dedicaba al ambiente la llevó a un baile. Quedó maravillada con las canciones de más de tres minutos, los bailes de parejas, los saludos, las ruedas que se armaban. De aquí le vino la idea de ser sonidera, pero una de nueva generación. “Además de ser la primera sonidera mujer en mi estado, yo me he dado a conocer mucho por la música editada que es cumbia de diferentes tipos: cumbia colombiana, cumbia peñonera, cumbia poblano-mexicana, cumbias que las editan y las llaman cumbias wepa”, expresa.

“Lunática” busca alegrar a la gente cada que entra a una cabina con su laptop, micrófono y hace su gritito “Ay, ay, ay, ay, ay”. Ella dice que ser sonidera le permite hacer que la gente baile, se divierta.

Sus tocadas siempre las inicia con la “Cumbia Barulera” de La Sonora Dinamita, pero con el toque de DJ Pucho Mastermix. Luego sigue con canciones como “Las guitarritas locas” y “Soy el control”, una versión de cumbia editada de la canción de Control Machete. Entre las no editadas, toca la “Cumbia salvadoreña” y la “Cumbia tradicional” que es de Colombia. “Tengo que estar todo el tiempo a la vanguardia”, asegura “Lunática”, quien con sólo 25 años de edad además de sonidera es abogada, locutora de radio, cantante y psicóloga.

 

Musas Sonideras o dónde puedes ir a escuchar sonideros de mujeres

Cada miércoles, en el Salón Candela, ubicado en Puente de Alvarado 10 allá en la colonia Tabacalera, sonideras de diferentes zonas se presentan en un espectáculo único creado por Marisol Mendoza, promotora cultural sonidera. Con la idea de visibilizar a las mujeres de este oficio, Marisol creó “Musas Sonideras”, proyecto que arrancó hace unas semanas y promete envolver al público con la música que cada una presenta.

Los eventos inician alrededor de las cuatro de la tarde y terminan a las 10 de la noche. La entrada cuesta 35 pesos y es sólo para mayores de 18 años. Los carteles de cada tocada se pueden ver en el Facebook oficial del Salón; o bien, en las redes de Musas.

Las sonideras mexicanas han llamado la atención desde sus primeras presentaciones, no sólo por ser mujeres, sino por sus propuestas de ritmos que otros sonideros poco han experimentado. Hasta ahora nada ni nadie las ha podido silenciar. Las mujeres sonideras están aquí para poner el ritmo, para poner a bailar a cualquiera y, sobre todo, para seguir haciendo mucho ruido.

 

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