Por Arturo J. Flores

 

Pudo más mi curiosidad. Recién terminé de ver Stranger Things. A mí sí me gustó, aunque estoy de acuerdo con Stephen King en el sentido de que la serie se vale de todos los recursos, personajes, situaciones y guiños al universo del escritor para dar vida a una fantasía ochentera. Los 80. Justamente la década en la que King, creo, escribió sus mejores libros.

En el segundo capítulo Will Byers, el niño cuya desaparición origina toda la historia, escucha música junto a su hermano mayor, Jonathan. Este último le dice, mientras ambos se sacuden al ritmo de Should I Stay or Should I Go: “Aquí encontrarás todo lo que necesitas : The Clash, Joy Division, Television”.

Echar un ojo al soundtrack de la serie, disponible ya en Spotify, es entrar en el mismo mood. Porque a los anteriores, hay que sumar grupos como Echo & The Bunnymen, The Seeds, Jefferson Airplane, New Order y hasta Dolly Parton. Chulada de selección. Sobre todo para un chavorruco como yo.

Por todo lo anterior, desde la confesa rendición al embrujo de Stephen King, las referencias a George Lucas, Steven Spielberg y Stan Lee, hasta la música, es que Stranger Things ha sabido sacarle jugo al valor contemporáneo de la nostalgia. Por paradójico que suene. Porque en tiempos de drones, Snapchat y Pokemon Go! tuvimos que imaginariamente volver a los días del teléfono “fijo”, los walkie talkies y las bicicletas (vistas como juguete y no como símbolo de superioridad moral de algunos ciudadanos que por pedalear se piensan mejores), para que una historia de horror funcione. Porque la sobreexposición de los millennials a la tecnología obliga a que su capacidad de asombro funcione en sentido contrario. Ya no les maravilla lo que existe, sino lo que sucedía antes de que se inventara.

Lo confieso. También sentí nostalgia. Y me hubiera encantado tener un hermano mayor que me pusiera a The Clash en cassette cuando yo cumplí 11 años.

Pero a diferencia de muchos de mis contemporáneos, no despotrico de los millennials ni de la Generación Z. Por el contrario soy su fan. Me parece maravilloso el presente del que disfrutan. Y no creo que nosotros (entendidos esto como la gente mayor, con quien crecí) tuviéramos más méritos, requiriéramos de un mayor esfuerzo para salir adelante o hiciéramos mejor las cosas. A cada uno le tocó parir chayotes a su manera.

He aquí un listado de razones por las que yo a mis 37 años envidio a los Millennials:

1 Tienen Tinder

Sinceramente me hubiera gustado que existiera cuando iba a la prepa. Todo hubiera sido más sencillo. De entrada, porque una app encontró la solución a lo que los nerds del pasado tanto temíamos: el rechazo como humillación pública. Total que si no le gustas a nadie, tampoco nadie se entera.

2 Todo cabe en menos espacio

Perdón. Yo no pienso que cargar en la mochila con una montaña de discos compactos que podían rayarse, romperse o te los robaban en medio de la borrachera sea mejor que disponer una biblioteca de Alejandría musical, de libros, series y películas en un iPod, una cuenta de Spotify, Wikipedia o Netflix. Todo dentro de una USB de Star Wars prendida en mi llavero.

3 Existen menos prejuicios

A diferencia del oscurantismo que a algunos nos tocó vivir como adolescentes, en el que temas como el aborto, la legalización de las drogas o las relaciones entre personas del mismo sexo se consideraban un tabú, por lo menos en esta ciudad podemos decir que algunos de estos temas se han traducido en leyes mucho más justas y mucho menos medievales.

4 La salud está de moda

Habrá quienes no estén de acuerdo conmigo. Y está bien. Estoy convencido que es menos la gente joven que fuma en comparación con la que lo hacía en los 90. Porque mientras nosotros nos queríamos parecer a estrellas de rock con pinta de vagabundos nice (que hoy, como Axl Rose, exhiben las consecuencias de ese estilo de vida autodestructivo), ahora los modelos a seguir suelen ser de perfil mucho más fitness. Prefiero que esté de moda hacerse una selfie en el gym que encendiendo un Camel para parecerse a John Wayne.

5 Hay un Corona Capital que trolear

Sin excepción. Todos los años escucho que el cartel del Festival es “el peor de todos” y no saben cómo los envidio. Porque me tocó crecer sin Festivales de ninguna especie, por lo que aplaudo y celebro que hayamos llegado a la época en la que hay tantos, que hasta podemos vomitarles encima.

 

El otro día escuché decir a mi hija adolescente sentirse nostálgica por algo. Yo tengo un sentimiento similar hacia el presente. No es que reniegue de la época en que me tocó crecer. Al final me divertí mucho. Pero no me habría venido mal tampoco nacer entre el 81 y el 95. Me llamarían Millennial.

Stranger Things: quizá hasta hubiera sido YouTuber en vez de escritor.

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