Por Arturo J. Flores

Where Hector was the

first of the gang

with a gun in his hand

and the first to do time,

the first of the gang to die.

Morrissey

 

No he visto Suicide Squad. Pero ya lo haré este fin de semana. Reconozco que soy un neófito de los comics. Hace siglos que no abro uno. Pero también me asumo un curioso empedernido. Entiendo que la película le ha quitado el sueño a millones de personas. Algunos se han desgarrado las vestiduras por la interpretación que Jared Leto ha hecho del Jocker. Otros se han masturbado –aunque sea figuradamente– con la caracterización que Margot Robbie hizo de Harley Quinn.

Comparto la fascinación que las pandillas generan entre nosotros. En el fondo a todos nos hubiera gustado pertenecer a una. Pensemos en algunas de las películas que han dejado una huella profunda en la historia de la cultura pop.

Naranja Mecánica.

Trainspotting.

Star Wars.

 

Y no hablemos de los Avengers o la Liga de la Justicia.

Todas ellas nos han contado, unas mejores que otras, historias de una cuadrilla de desadaptados. Outsiders. Freaks. Tipos y tipas que en sus diferencias encuentran el pegamento en que se fundamenta su asociación. Poco importa que entre esas bizarras comunidades exista un líder, al final cada tuerca es importante porque permite la movilidad de una articulación. Son opuestos que se atraen. Muelas que, como dijeran mi maestro Eusebio Ruvalcaba, se necesitan la una a la otra para triturar.

Porque todos hemos soñado con la posibilidad de ser unos droogs que provistos de traje blanco y sombrero negro, siembren el terror entre los que no pertenecen a su pandilla. Porque todos tenemos un personaje favorito en Trainspotting. Algunos son más Renton que Begbie. Otros quisieran ser Sickboy pero se quedan a medio Spud.

Una banda de rock no es otra cosa que un Escuadrón Suicida.

Una pandilla.

Asociaciones delictuosas que se reúnen para explotar creativamente. Pensemos sobre todo en quienes se toman muy a pecho sus lazos pandilleros. The Ramones. The Adicts. The Rolling Stones. The Strokes. Molotov. Savages. Slipknot. Red Hot Chili Peppers. Radiohead. Metallica. Dum Dum Girls. The Hives. The Libertines. The Kaiser Chiefs… y la lista es larga.

 

Alianzas explosivas en las que cada uno de sus integrantes cumplen papeles bien definidos. Eso es lo que el tráiler de Suicide Squad nos deja claro. Que Deadshot, Harley Quinn, Slipknot, Rick Flag, Killer Croc, Enchantress, Boomerang, Katana, El Diablo y el resto de los personajes con como químicos que por sí solos resultarían inflamables pero que en colectividad se neutralizan.

Y que lucen muy bien juntos.

Sobre todo con música de gangsta’ rap de fondo. Y de dub. Porque dirán lo que quieran de la película, pero el soundtrack se cuece aparte. La música de las pandillas.

 

Todos sabemos que los hermanos Gallagher no se tragan, pero lo que son capaces de desatar juntos no conoce límites. Blur es un caso similar. Si Johnny Marr y Morrissey sobre todo, cedieran a la atracción magnética de la pandilla y The Smiths hiciera música otra vez, entonces sí Dios se podía ir a dormir la siesta y dejar que al mundo se lo llevara el Diablo.

No quiero ser sexista en tiempos de corrección política, pero el que una mujer como Harley, tan letal como brillante y con dos hermosas piernas, forma parte de un Escuadrón, lo vuelve mucho más atractivo. Tanto como que lleve la palabra “Suicida” en el título.

Piensen en su pandilla. Seguro forman parte de una. ¿Se parece más al Joker de Cesar Romero o al de Heath Legder?

 

Me recuerdo a una escena que vi una vez en una película cuyo título se me escapó. Eran dos policías platicando, sentados en el piso, en un momento en que los “malos” parecían haberlos derrotado. Uno le decía al otro:

-¿Quién es tu Beatle favorito?

-Cuando era joven era John Lennon, pero con el paso del tiempo se volvió McCartney.

A todos nos pasa algo similar.

The Beatles representan el paradigma de las pandillas: Tenemos al chico rudo con ínfulas intelectuales que le gusta a las mujeres (Lennon), el ñoño que escribe canciones de amor (Paul), el místico incomprendido (Harrison) y a Ringo… bueno, es Ringo. El que por pura suerte se junta con los tipos adecuados para volverse popular. Y paradójicamente, parece ser el único que sobrevivirá.

No soy lector de comics. Hace años que ni siquiera hojeo alguno. Pero entiendo las pasiones que ha desatado Suicide Squad. Que una cadena de cines lance un comunicado para explicar que no la proyectará. Que las opiniones respecto al trabajo de Jared Leto se dividan. Que los lectores de comics anhelarían que los directores de cine les hicieran películas sólo para trues, prescindiendo de las secuencias explicativas que los ignotos en la materia requerimos para entender las tramas. Que las películas fueran tal y como ellos las desean. En el fondo, cada quien defiende la idea de pandilla que tiene metida entre neurona y neurona.

Pasa con la música.

Por eso hay quienes no le compran a la pandilla Guns N’ Roses un regreso con tantos kilos y dólares de por medio. Por eso a otros toleramos la voz de Bunbury sólo cuando formaba parte de la pandilla Héroes del Silencio. Por eso me muero por escuchar el nuevo disco de la pandilla Dinosaur Jr, que sale a la venta este día.

 

Hubiera querido que alguien me lo dijera cuando era joven:

Cuando no queda nada en el mundo. Cuando todos se hayan ido. Cuando el amor se termine. Cuando no haya WiFi. Cuando se haya cazado hasta el último Pokémon sobre la interfaz de la Tierra. Cuando te duelan las articulaciones. Cuando de tu potencia sexual no quede sino una fútil memoria. Cuando el último chiste se cuenta y no haya quien se ría.

Sólo te quedará tu pandilla.

Voy a ver Suicide Squad. Sólo para divertirme.

 

“No lo olviden, somos los chicos malos”. [m]