Por Toño Quintanar

 

El documental de rock es un género el cual, durante los últimos años, ha dejado de ser una mera pieza monográfica para transformarse en un experimento estético plagado de mecanismos narrativos los cuales permiten a los realizadores jugar con los datos duros de nuestra historia contemporánea.

En esta ocasión, le tocó el turno a la banda británica Oasis de ver reconfigurados los entramados de su historia personal mediante las capacidades inventivas del documentalismo de carácter “no clásico”.

Supersonic es una cinta la cual, desde su temprana confirmación, causó grandes expectativas entre aquellos entusiastas quienes encuentran en el rockumental una muy necesaria fuente de misticismo popular.

Sin embargo, difícilmente podríamos decir que este trabajo logra encapsular, de manera terminal y absoluta, la enorme trascendencia iconográfica que se esconde detrás de la banda.

Este documental cumple con una misión de carácter formal: guiar al espectador a lo largo de un recorrido introspectivo y humano por la carrera de la banda más emblemática del britpop.

Intencionalidad que se ve apoyada por una amplia cantidad de material audiovisual que registra, tanto los años de anonimato de la agrupación, como sus épocas de indiscutible grandeza.

El director Mat Whitecross no sólo se da a la tarea de recopilar una serie de secuencias verdaderamente entrañables; sino que también procura desplegarlas de forma plenamente dinámica, empatándolas impecablemente junto con los testimonios de los Gallagher.

El resultado es una interesante quimera audiovisual la cual, por instantes, parece más una bio-pic dramática que un documental formal.

A este asunto se suman una serie de recursos “surrealistas” los cuales dejan en claro que Whitecroos busca escapar de su función como mero cronista para reconfigurar la historia de Oasis bajo sus propias inquietudes creativas.

Sin embargo, es difícil no pensar que este documental se quedó a medio camino en cuestiones historiográficas; ya que existen ciertos aspectos contextuales que debieron haber sido abordados de una forma mucho más completa.

Un asunto que sería comprensible si el realizador se hubiera planteado cultivar un trabajo absolutamente subjetivo, y no un proyecto el cual, durante dos horas, trata de hilvanar una historia delimitada.

La narración se concentra, la mayoría de las ocasiones, en aspectos internos; desentendiéndose de los elementos gregarios y transgresores que participaron en la conformación de ese movimiento cultural del cual Oasis fue uno de los principales protagonistas.

Un asunto que resulta verdaderamente primordial si se tiene por objetivo realizar el documental “definitivo” acerca de una banda de semejante calibre.

Como era de esperarse, la disfuncional relación entre Liam y Noel se roba, de forma olímpica, más de la mitad de la cinta. Un asunto previsible pero que, definitivamente, debió de regularse de forma más estricta; ya que dicho tema se ha vuelto un lugar más que común entre las aproximaciones biográficas realizadas alrededor de Oasis.

Quizás está de sobra decirlo, pero Supersonic es una cinta hecha exclusivamente para auténticos admiradores de Oasis. Si usted no se desvive por los Gallagher, o no piensa que “Champagne Supernova” es la canción más importante de los últimos tiempos; quizás deba de pensar en otra opción. [m]