Por Arturo J. Flores

 

“¿Y qué quieres que me ponga cuando estemos juntos?”, me preguntó ella. “Un tatuaje”, le respondí. No soy por mucho el más original de los tipos. Estoy seguro que la mayoría siente una debilidad por esos dibujos que algunas personas exhiben en su cuerpo. Pero debo confesar que los tatuajes me parecen algo muy sexy.

Quizá sea porque escribo, pero a muchos de ellos me gusta inventarles una historia. Como le sucede al protagonista de “El hombre ilustrado”, una de los libros más apasionantes de Ray Bradbury, acerca de un hombre completamente cubierto de tatuajes, los mismos que por la noche cobran vida. A cada una de las escenas que lleva impresa en la piel, corresponde uno de los cuentos del libro que en su conjunto forman una novela.

 

cuento1

He compartido fragmentos de vida con mujeres que llevan uno o muchos tatuajes encima. No con todas he mantenido un lazo erótico. Algunas han sido mis amigas, compañeras de trabajo e, incluso, amores platónicos. Incluso me he inspirado en esos trazos de aguja para escribir cuentos, novelas –como la que muy pronto se publicará bajo el sello Tinta Sonora, de Marvin, que trata precisamente de una joven escritora tatuada– o hasta malos (pésimos) poemas.  Pero igual que las obras de arte que ellas se hicieron, yo –modestamente– las he transformado en criaturas de tinta a través de un cuento. Aunque a algunas no tuviera el valor de mostrárselo.

Sin embargo, fue hasta hace unas semanas que por fin experimenté yo mismo la caricia de las agujas. Nada del otro mundo. El rostro de Edgar Allan Poe, uno de los autores más admiro, del tamaño del fondo de un vaso inmortalizado más debajo de mi hombro. El primero de otros. Porque como me advirtieron, la experiencia se vuelve adictiva.

Ahora puedo decir, con conocimiento (aunque no se trate de una parca en toda la espalda como la del protagonista de “Sons of Anarchy”) de causa, que la mitad de lo que me dijeron acerca de los tatuajes es cierto:

1.- No duele tanto. O lo que lo mismo, es un dolor “agradable”.

2.- Te haces el primero y quieres más.

3.- Comienzas a verle a todas las figuras que te gustan rostro de tatuaje.

Y al mismo tiempo, he comprobado que la otra mitad de lo que me dijeron acerca de los tatuajes –sobre todo gente que NO tiene uno– es mentira. Por ejemplo:

  1. Que deben tener un significado SÚPER profundo. Si bien debe estar relacionado con tu personalidad, tampoco es que de te deben aparecer un shamán en sueños para dictarte los designios de la tinta. Algunos sólo se tatúan porque les gusta una imagen y punto.
  2. Que cuando crezcas te vas a arrepentir. Yo estoy cerca de cumplir 40 y en verdad me arrepiento… de no haberlo hecho antes.
  3. Y ya.

Recientemente se publicó un libro titulado “Piel viva, del amor y otros tatuajes”. Me llamó la atención el texto de la contraportada, en explican que es la historia de una mujer cubierta de tatuajes que se sienta, completamente desnuda, a platicar con un periodista. Irresponsable sería recomendárselos porque yo mismo no lo he leído. Pero tampoco sincero no reconocer que la idea de, como reportero que soy, de entrevistar a una chica sin ropa pero vestida con tinta de colores, me parece una de las escenas por demás excitante.

He ahí el éxito de las Suicide Girls. Un sitio de porno alternativo creado en 2001 y actualmente propiedad del administrador Steve Simitzis y su pareja, Olivia Ball, programadora y una de las primeras modelos. Aunque a simple vista pudiera pasar por una página más que exhibe a mujeres en poca ropa, sus modelos están rigurosamente tatuadas, la mayoría usan perforaciones y se pintan el cabello de colores. Pero más allá de eso, sus creadores sostienen que la estética es respetuosa de la sexualidad de la mujer, evitando las poses que parezcan sumisas y refrendando el control de la sexualidad por parte de las modelos.

Soy amigo de una Suicide Girl mexicana. Se llama Idunn Suicide y es originaria de Durango. Sus fotografías están colgadas en la web oficial de SG. Su primer y más lucidor tatuaje es una enorme Coyoixauqui en la espalda, la diosa lunar de los mexicas. Me ha pedido que no revele en qué trabaja por temor a ser reprendida (algunas empresas aún no comprenden que la tinta que uno se inyecta no tiene nada qué ver con las capacidades intelectuales de la persona), pero tengo que decir que sus labores tienen que ver con al ciencia y ella es una de las mejores en su ramo. Como SG ha participado en más de una vez en el crucero “70,000 Tons of Metal”, que reúne a más de 60 bandas de heavy en un festival a bordo de un barco.

 

cuento2

Foto: Andrew Gerard

 

Toda esta disertación acerca de los tatuajes y su relación con el disfrute erótico salieron porque un amigo me recomendó que le echara una escuchada a Gabe Raba, un artista urbano que combina música electrónica, hip hop y otros menesteres para hacer, me parece, muy buenas canciones.

 

cuento3

Gabe Raba suele salir al escenario acompañado de bailarinas italianas.

 

Mexicano de nacimiento pero radicado en Italia, se encuentra de visita en nuestro país y se presentará el 21 de octubre en el Mausoleo A. López Mateos junto a Bostich y Fussible, entre otros artistas. En el video de uno de sus sencillos más exitosos (y polémicos, porque fue bajado de YouTube al principio, debido a su letra), “Italia” aparece una de las SG más populares, Riae. Es ella en gran medida responsable del éxito del video.

cuento4

Riae (Foto: Facebook)

 

Un tatuaje es una posesión personal. Una cicatriz bellísima que nos hacemos por decisión. No estoy diciendo que una persona sea mejor o peor por lleva uno encima. Mi punto es tan sencillo como éste: soy un contador de historias. Algunas mujeres (y lo digo porque me gustan las mujeres, nada más, no con intención discriminatoria alguna) se han tatuado. Y para mí, resulta muy bello contemplar una historia impresa en su piel.

 

 

Y por cierto, sí. Ella se puso no uno, sino varios tatuajes. [m]