En uno de los primeros festivales de música a los que me aventuré, me regalaron una Revista Marvin. Después de hojearla con calma en casa, un mundo se abrió ante mí. El contenido, las referencias y su diseño me inspiraron tanto que en aquel momento me juré –quizá sin realmente creérmelo– que algún día llegaría a trabajar ahí.

Por aquella misma temporada también me prometí que me dedicaría a tomar foto de concierto, que algún día entrevistaría a mi artista favorito o que armaría un proyecto electrónico junto a mi mejor amiga. Hoy estoy a cargo del área digital de Marvin. Ya tomé fotos de conciertos y entrevisté a mi banda favorita…. pero nunca formé el dúo synth-pop con el que siempre fantaseé junto a mi amiga.

Me encanta la música, pero jamás me clavé en los detalles técnicos. Nunca aprendí a tocar ningún instrumento, ni mucho menos me imaginé que algún día tendría la oportunidad de convertirme en DJ.

Entre las tantas locuras con las que esta revista me ha sorprendido, llega la oportunidad de tomar un curso de DJ en El Bedroom, la primera academia en toda América Latina con la certificación de Pioneer DJ y Native Instruments. Otro momento Marvin de la serie “Si no creías que te podía sorprender más”, algo que hoy me emociona tanto como aquella primera revista que trajo consigo miles de promesas.

Y bueno, heme aquí, con las ganas de entender todo lo que hay detrás de una canción, hacer beatmatch, dominar los cues, loops, hot cues, etc, etc. En fin, poner a prueba mi biblioteca musical.

Si quieren seguir de cerca el proceso de esta aventura, chequen las actualizaciones de esta nota y nuestras historias de Instagram!

UNA AMATEUR EN LAS MIXERS 

Uno siempre cree que todo lo que hacen los demás es sencillo. Tomar fotografías, tocar la guitarra, diseñar; qué se yo  –inserte aquí la profesión que considere una tomada de pelo–, pero ¡no!, todo tiene su complejidad. Vaya, hasta cocinar arroz tiene su chiste.

Resulta que mezclar no es tan fácil. Ni mucho menos hacer la selección de las canciones que quieres mezclar. El primer paso en esta odisea es crear una lista inteligente de los tracks que te gustaría incluir en tu set. Número uno: tienes que tener los tracks descargados. Número dos: ¡no!, no puedes descargarlos de YouTube. Vaya tragedia millenial. De repente los miles de tracks guardados en el iTunes Music o Spotify resultaron obsoletos. Además debes bajarlos con buena calidad. De hecho hay buscadores específicos para esta hazaña.

Luego viene la selección. Que la música que vayas a poner tenga congruencia. Que tus canciones tengan los mismos BPM. No es ley que lo que pongas deba ser del mismo género. El mentado género; que si el chillout, que si el progressive, que si el trance, dubstep, EDM, club house, deep house, miles de etc. Tanta variedad que hasta puedes inventar tu propio género: space house, sexy house, pure loco love 6 AM sunrise house, dark freak house, lo que se te antoje. Repito, no es obligatorio mantener el mismo género, pero sí la misma energía. 

¿Mis primeras mezclas? Creo que salieron bien por mera intuición. ¿Las siguientes? No tan exitosas. Me parece que todo es cuestión de práctica. Así como una profesora de foto me decía, todo es cuestión de ver, y ver y ver y ver. Acá seguro será: escuchar, escuchar, escuchar.

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