TXT: Toño Quintanar

Los procesos globalizadores que nuestra civilización ha experimentado durante las últimas décadas han dado pie a una incansable “occidentalización” de la que muy pocos rincones de nuestro planeta han logrado salvarse.

Fue durante la década de los ochenta –pleno contexto postmoderno- que la nación de Noruega comenzó a verse asediada por el ojo normalizador de una Norteamérica la cual, de forma subliminal pero decidida, estaba dispuesta a imponer su cultura a lo largo y ancho de los países bajos.

Ante este panorama, la juventud nórdica decidió abrazar un naciente movimiento cultural el cual proponía defender de manera férrea la identidad de un país el cual parecía haber olvidado la soberbia de sus raíces.

El Black Metal es un fenómeno el cual, durante décadas, ha vivido en la más notable de las infamias icónicas, fungiendo como una muestra de ese extremismo brutal que las buenas conciencias han tratado de adjudicarle desde siempre a la música estridente.

Sin embargo, detrás de este subgénero de mordaz envergadura, existen una serie de motivos ideológicos que escapan de la simpleza de la violencia consustancial para ofrecernos un caudal de inquietudes que esconden cierto grado de legitimidad.

Estos entramados psíquicos son recolectados por Aaron Aites y Audrey Ewell en Until the Light Take Us, documental el cual, valiéndose de una serie de entrevistas e investigaciones verdaderamente pormenorizadas, se da a la tarea de desentrañar los misterios que se esconden detrás de una serie de acontecimientos que, durante años, se han visto rodeados por el amarillismo más recalcitrante.

Esta producción se desentiende de los supuestos rasgos satánicos del Black Metal para enfocarse en su vena pagana, misma que pretendía rescatar a los antiguos símbolos espirituales de Noruega de la cristianización desmedida que la globalización moderna supuso.

Fue de esta manera que la quema de iglesias se impuso como el grito de protesta más adecuado frente al auge de una sociedad cada vez más pasiva la cual quedó completamente sorprendida ante esa nueva ola de violencia que floreció dentro de su propio seno.

A pesar de la serie de brutales tácticas perpetradas por la comunidad blackmetalera –mismas que terminarían por encaminarla hacia su propio fin-, no cabe duda de que detrás de su sombría fachada destacan una serie de elementos que emparentan de forma directa al rock n’ roll con un auténtico fervor religioso.

Una increíble muestra de que los movimientos sonoros pueden escapar de los confines de lo subjetivo para transformarse en auténticos hitos revolucionarios.

 

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