Por Toño Quintanar

Los asesinos seriales son, sin lugar a dudas, uno de los misterios más entrañables e indefinibles dentro de la psiquiatría moderna. Auténticos monstruos humanos cuya inteligencia y carisma parecen ingredientes extraídos de nuestras pesadillas más estrambóticas.

Por supuesto, estas infames figuras han inspirado un enorme caudal de historias que adquieren enorme relevancia gracias a la delirante construcción semiótica que permite el Séptimo Arte.

A continuación, confrontaremos dos de las muestras más aventuradas de este fenómeno: The Silence of the Lambs (1991) y American Psycho (2000).

1. The Silence of the Lambs. (Jonathan Demme, 1991).

Pocas cintas logran llevar lo perturbador hacia niveles tan poderosamente intelectuales como esta inigualable adaptación de la novela de Thomas Harris.

Interpretado por un Anthony Hopkins quien, sin lugar a dudas, se encontraba enfrascado en la actuación de su vida, el Doctor Hannibal Lecter destaca como uno de los personajes más complejos y memorables de la historia del cine.

Portento al que se suma una narración de tintes periciales donde el género negro se torna el vehículo que dejará al descubierto algunos de los rasgos más tremendistas de la vocación detectivesca.

Por supuesto, es imposible dejar de lado a una cautivadora Jodie Foster quien lucha férreamente por abrirse camino en un mundo que pareciera exclusivo del género masculino. Misma situación que vuelve aún más cautivadora a esta impecable narración.

2. American Psycho. (Mary Harron, 2000).

En esta cinta dirigida por Mary Harron nos topamos con otro depredador humano quien, a pesar de sus acciones abominables, se roba irremediablemente el corazón del espectador.

Nos referimos, obviamente, a Patrick Bateman (Chistrian Bale), icónico personaje quien funge como una metáfora de la sociedad occidental y de esos obscuros valores que afloraron en ella durante la era postmodernista.

Mediante un transgresor discurso que entremezcla el horror más descarnado con un incisivo humor negro, Harron rescata esa serie de abrumadoras características que hicieron de la novela homónima de Breat Easton Ellis un texto marcadamente controversial.

Mismo fenómeno que se nota materializado a través de una serie de situaciones efectivistamente desplegadas que funcionan como una irremediable crítica ante el capitalismo salvaje, el consumismo y la autocomplacencia norteamericana.

Ambas cintas nos muestran un rostro conmovedor y, al mismo tiempo, perturbador del asesino de masas; ente que se erige como un monstruo de la vida real que no tiene empacho alguno al momento de atravesar los límites de lo humanamente correcto.

Sin embargo, estos personajes no son sino la reiteración de esa serie de fracturas mentales que, incómodamente, develan esa indefensión que nos define como individuos y como sociedad.

¿Cuál de estas cintas te gusta más? Nos encantaría que escribieras un comentario al respecto. [m]